We're becoming more individualistic and it's affecting our love lives

Amor en tiempos del 'yo'

social Una escultura abstracta que representa dos figuras humanas que se alejan lentamente la una de la otra. Las figuras están hechas de vidrio fracturado, simbolizando la fragilidad de las relaciones en un mundo individualista. El fondo es un laberinto de espejos, reflejando la obsesión por la autoimagen y la desconexión con los demás. Iluminación tenue y dramática, con sombras pronunciadas. Paleta de colores fríos: azules, grises y blancos.

El amor a la antigua usanza, ese que te dejaba en números rojos emocionales y económicos, parece estar en extinción. Un estudio monumental, con más de 61.000 participantes de 81 países – más gente que en un mitin político – revela que el individualismo rampante está enfriando los corazones.

No es que ya no nos enamoremos, sino que lo hacemos con el termostato bajito. La doctora Jaroslava Varella Valentova, ajena al estudio pero con un ojo clínico, apunta que obsesionarse con una sola persona puede ser un lastre para la productividad. ¿Quién necesita un romance cuando hay facturas que pagar? La cosa va más allá de una simple cuestión de prioridades.

Julie Aitken Schermer, de la Western University, sospecha que las nuevas generaciones son más narcisistas que sus antecesores, algo que no es precisamente una novedad bajo el sol. La globalización y las redes sociales, claro, son los chivos expiatorios habituales. Pero Marta Kowal, de la Universidad de Wrocław, y su equipo han encontrado una correlación directa: a mayor individualismo, menor intensidad en el amor.

El estudio, presentado en un congreso en Edimburgo (donde seguro había más tweed que pasión), midió la intensidad del amor en una escala del 1 al 5 y el individualismo en una escala del 1 al 7. Los resultados son claros: la gente que se preocupa más por sí misma siente menos “deep emotional bond”, como dirían los anglosajones. Thomas Curran, de la London School of Economics, lo explica sin rodeos: si estás demasiado preocupado por tu imagen y tus logros, te cuesta ser vulnerable.

Y sin vulnerabilidad, el amor intenso es como un café sin cafeína. La solución, según Schermer, podría estar en la terapia grupal, en recordar que somos parte de algo más grande. Kowal, por su parte, planea seguir investigando el tema con 2.000 parejas en Polonia durante un año.

Un año entero observando cómo el individualismo afecta a la felicidad conyugal. Parece una inversión con buena rentabilidad.

Crítica:

El estudio es masivo, pero la conclusión es obvia: el individualismo erosiona el amor. Falta explorar si este 'amor menos intenso' es necesariamente algo malo, o si es una adaptación saludable a un mundo más competitivo.

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