De Cohn-Bendit a Juan Carlos I: una Francia desacomplejada rinde tributo a un rey español

Juan Carlos I: más rey en Francia

social Una ilustración conceptual que represente la paradoja de la monarquía en una república. Un libro antiguo y lujoso abierto sobre una mesa de café parisina, con una corona dorada descansando encima, mientras de fondo se ve la silueta difuminada de un pueblo francés con arquitectura del siglo XVIII y una bandera tricolor francesa ondeando suavemente.

Hay una ironía deliciosa en el aire de La Ferté-Vidame. Mientras en España nos peleamos por saber si el rey es un activo o un lastre, en Francia —la patria de la guillotina y el espíritu republicano— lo reciben con alfombra roja y aplausos. Este domingo, Juan Carlos I, con sus 88 años y el aura de quien ya no tiene nada que perder, aterrizó en este pueblo de postal para recoger el premio al mejor libro de memorias del año, el galardón del duque de Saint-Simon.

Un premio que, ojo, también querían figuras como la mística Patti Smith o el filósofo Régis Debray. El monarca llegó a las cinco de la tarde escoltado por su 'clan' íntimo: la infanta Elena, Victoria Federica, Irene, María Zurita y su médico, Eduardo Anitua. Curioso que, en un despliegue de afecto francés, brillaran por su ausencia el embajador de España y la infanta Sofía, que ya está instalada en París.

El rey, hablando de 'legados' y 'posteridad' en su libro ‘Reconciliación’ (Planeta, 2025), se vendió como un valiente que elige dar testimonio frente al silencio. Una narrativa potente, aunque en casa los medios monárquicos lo hayan tratado con la frialdad de un congelador industrial. Lo más surrealista es el contraste.

El año pasado, el premio en La Ferté-Vidame fue para Daniel Cohn-Bendit, el icono del Mayo del 68. Francia no se complica la vida: premia al revolucionario y al rey sin que le tiemble el pulso. Nosotros, en cambio, seguimos atrapados en el cainismo, dejando que el mejor actor político del siglo XX pase sus días en Abu Dabi mientras los galos le hacen la pelota literaria.

Es el clásico caso de quien no es valorado en su barrio, pero es estrella en el pueblo de al lado.

Crítica:

El texto original es una oda romántica que confunde el éxito de ventas con la redención histórica. Ignora deliberadamente el porqué del silencio monárquico en España para centrarse en el romanticismo del paisaje francés.

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