Microduck is a robot built to fall down—and learn new tricks

Microduck: El pato robot que costs 399$

tecnologia Una ilustración conceptual de un pequeño robot bipedal con forma de pato estilizado, tamaño pequeño, con un pico mecánico, usando patines de ruedas en una sala de estar moderna. Estilo artístico digital, colores vibrantes, atmósfera juguetona y tecnológica, sin personas, enfoque en el contraste entre la alta tecnología y la torpeza del robot.

En un mundo donde la inteligencia artificial nos promete el apocalipsis o, peor aún, redactar correos corporativos aburridos, llega Microduck. No es un Terminator, sino un bicho de 10 pulgadas y 1,7 libras —básicamente el peso de un pollo asado— que se vende por 399 dólares.

Hugging Face, la empresa de Nueva York que hace unos meses tuvo que lidiar con el susto de que un agente de OpenAI se saltara la valla y hackeara sus sistemas internos, ha decidido cambiar el drama de la ciberseguridad por la ternura robótica. El Microduck es, en esencia, un juguete caro que se cae y aprende a levantarse.

Mientras que China fabrica humanoides que corren más que Usain Bolt y el ejército despliega perros metálicos dignos de una pesadilla de Black Mirror, Clément Delangue y su equipo nos ofrecen un robot con 'pico' articulado para recoger calcetines sucios. La genialidad (o la jugada de marketing) reside en su 'gemelo simulado': entrenas al robot en un mundo virtual para que no rompa los jarrones de tu salón en la vida real.

Llega con Bluetooth, Wi-Fi y una batería que dura una hora. Es decir, tiene la resistencia de un adolescente en un día de lluvia; no esperes que sea el guardián de tu casa. Aunque Thomas Wolf lo venda como una herramienta educativa 'AI native', la realidad es que es un gadget para entusiastas que quieren ver a un robot patinar sobre ruedas o cantar en coro con otros patos mecánicos.

Tras el éxito del Reachy Mini, que despachó 3.000 unidades en una semana, Hugging Face apuesta a que este patito bipedal llegue a los hogares antes de Navidad, recordándonos que, a veces, la mejor forma de ocultar un escándalo de hacking es vendernos un juguete que camina como un terrier.

Crítica:

El texto original intenta disfrazar un juguete caro de 'herramienta educativa' mientras ignora que la batería de una hora es un chiste. Es puro marketing envuelto en ternura para limpiar la imagen post-hackeo.

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