Apagar fábricas para ahorrar luz le está costando casi 1.000 millones a los españoles. Sigue siendo un chollo

Pagar por no trabajar: el chollo eléctrico

economia Una ilustración conceptual y satírica. Un interruptor de luz gigante hecho de billetes de euro en una pared de cemento industrial. De un lado, una fábrica oscura y silenciosa; del otro, una mano elegante con traje sacando monedas de un recibo de luz doméstico. Estilo editorial moderno, colores contrastados, atmósfera de ironía corporativa.

Imaginen que pagan a su vecino para que no use la lavadora mientras ustedes intentan que no se fundan los plomos de casa. Suena a locura, pero es exactamente el negocio del Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD). Red Eléctrica ha decidido que la mejor forma de evitar un apagón es pagarle a la industria para que, sencillamente, deje de trabajar.

El resultado es un agujero contable que ya roza los 1.000 millones de euros, una cifra que no sale de un pozo mágico, sino de nuestra factura de la luz. El sistema es un despliegue de generosidad corporativa: las empresas reciben una paga fija solo por estar disponibles y un extra variable cuando Red Eléctrica les pide que apaguen las máquinas.

El pasado 20 de agosto, a eso de las 18 horas, volvió a sonar la campana. Ya van siete activaciones este año y doce desde que el SRAD nació en 2022. Para que nos entendamos, mientras el ciudadano medio hace malabares con la tarjeta para llegar a fin de mes, la industria ha engrosado su hucha con 954 millones de euros solo en retribuciones fijas.

En 2026, el guion se repite: entre los 256 millones del primer semestre y los 179 millones adjudicados en mayo para el segundo, la fiesta costará 434 millones. Lo más cínico ocurre de noche, cuando el KWh se pone caprichoso y los precios suben, haciendo que las activaciones sean aún más jugosas para las compañías.

Pero ojo, que nos venden el cuento del ahorro. Nos dicen que es un 'chollo' porque el antiguo servicio de interrumpibilidad (2007-2019) se llevó 5.258 millones de euros. Claro, es la clásica lógica de quien te dice que te ha robado menos que el anterior: sigue siendo un sablazo, pero técnicamente es el más barato de la historia.

Crítica:

El texto original intenta disfrazar un gasto masivo como un ahorro comparativo, omitiendo el impacto real en el usuario final. Es una pieza de optimismo corporativo disfrazada de análisis técnico.

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