España paga más por los tomates de Marruecos que por los de sus agricultores

Tomates marroquíes: más caros y más cómodos

economia Una ilustración conceptual y satírica que muestra una balanza antigua. En un plato hay un tomate cherry brillante con una etiqueta de precio muy alta y una bandera de Marruecos; en el otro plato, un montón de tomates rama españoles con una etiqueta de precio muy baja y un agricultor cansado al lado. Fondo de invernaderos industriales difuminados, estilo editorial de revista económica, colores contrastados.

El campo español ha descubierto que jugar en la liga de la Unión Europea es como intentar correr un maratón con botas de plomo mientras el vecino corre en zapatillas de marca y sin camiseta. La paradoja es tan absurda que roza el surrealismo: España paga más por el tomate que viene de fuera que por el que crece en su propio suelo.

Mientras el agricultor nacional ve cómo su rentabilidad se evapora, la UE firma acuerdos comerciales que son, en lenguaje llano, una alfombra roja para la competencia desleal. Echemos cuentas, que aquí es donde empieza el chiste. En la campaña 2025/2026, España importó la cifra récord de 305.436 toneladas de tomate, soltando un sablazo de 337,69 millones de euros.

Lo más delirante es el precio: mientras el Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía confirma que el productor español cobró 1,14 euros por kilo, el tomate de Marruecos entró a 1,72 euros el kilo. Sí, hemos pagado un sobreprecio por un producto que llega desde el sur, donde el coste laboral es una broma pesada: mientras en la Península un trabajador cobra 10 euros la hora, en Marruecos esa es la paga de un jornal completo.

Es como comparar el precio de un menú degustación con el de un bocadillo de gasolinera. Andrés Góngora, de COAG, nos revela el truco del almendruco: Marruecos se ha especializado en el tomate cherry. Como cada pieza pesa unos 30 gramos, requiere una mano de obra intensiva que solo es rentable si pagas sueldos de hambre.

Y para rematar la faena, la Comisión Europea permite que tomates cultivados en el Sáhara Occidental, territorio ocupado desde 1975, lleven la etiqueta de 'Hecho en Marruecos'. Una ingeniería contable y geográfica que deja a España como el tercer exportador de la UE, pisándole los talones a Países Bajos y al propio reino magrebí.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de hipocresía institucional, aunque falla al no cuestionar por qué la UE permite el etiquetado fraudulento del Sáhara Occidental sin más consecuencias.

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