La cosa pinta mal, y no por el clima. Mientras el ciudadano de a pie calcula si estirar el mes con la lista de la compra, el Ministerio del Interior, bajo la batuta de Fernando Grande-Marlaska, ha decidido que regularizar a miles de personas vale el doble que mantener las calles seguras.
Sí, lo leíste bien. 25 euros por hora para tramitar papeles, frente a los míseros 10 que reciben los agentes por evitar que te quiten el móvil. La Unión Federal de Policía (UFP) ha alzado la voz, denunciando un agravio que huele a chamusquina y una planificación que parece escrita en servilletas de bar.
Casi 600.000 solicitudes de regularización, una cifra que apunta a superar el millón según fuentes internas, y el Gobierno prioriza el papeleo burocrático sobre la seguridad ciudadana. ¿La justificación? Pues que el proceso es “de enorme trascendencia jurídica”. Traducido: hay que dar carpetazo a una promesa electoral, cueste lo que cueste.
Y no solo eso, la UFP alerta de que delincuentes excarcelados, con prontarios más largos que un atasco en la M-30, están intentando colarse en la regularización. Imaginen el panorama, un auténtico negocio para las mafias que ya se frotan las manos ante la llegada de millones de personas.
La doble vara de medir es evidente: el Gobierno encuentra los recursos para incentivar la tramitación de expedientes, pero cuando se trata de proteger a los ciudadanos, la respuesta es siempre la misma: “no hay presupuesto”. Un cuento chino que ya nadie se cree. ¿Acaso los policías son de primera para lo que le interesa al Gobierno y de segunda para lo demás? La pregunta queda en el aire, mientras la seguridad ciudadana se devalúa a los ojos de quienes deberían protegerla.
Un auténtico circo, con el ciudadano de a pie pagando la entrada.
Crítica:
La noticia es clara, pero la falta de detalles sobre los perfiles de los solicitantes de regularización (más allá de la mención a excarcelados) deja un hueco informativo. El título, aunque llamativo, podría ser percibido como sensacionalista.
Comentarios