La extensión de la ley de nietos al siglo XIX para alterar el censo electoral por parte del Gobierno carece de anclaje jurídico

Ley de nietos: nacionalidad por la puerta trasera

politica Una ilustración conceptual satírica. Un gran sello oficial de caucho golpeando un documento antiguo del siglo XIX, pero el sello tiene la forma de una urna electoral. Alrededor, una pila de pasaportes modernos cayendo como un efecto dominó sobre un mapa de España y América, estilo caricatura editorial de periódico, colores contrastados, fondo de oficina burocrática decadente.

El Gobierno ha decidido que la genealogía es una cuestión de fe y conveniencia electoral. Mientras el ciudadano medio lucha contra la burocracia para renovar un DNI, el Ejecutivo ha montado un 'todo incluido' de nacionalidades que parece más un casting de realidad que un proceso administrativo.

Bajo el paraguas de la Ley de Memoria Democrática, han ejecutado una maniobra de ingeniería social digna de un casino: ampliar la nacionalidad hasta el siglo XIX. ¿El truco? Una instrucción del 25 de octubre de 2022 firmada por Sofía Puente, que básicamente decidió que cualquiera que se marchara de España entre 1936 y 1955 era un exiliado, sin importar si huía de una bala o simplemente buscaba un mejor sueldo en América.

Es como si en el contrato de alquiler te dijeran que no aceptan mascotas y, cinco minutos después, el portero te dejara meter un zoológico completo por la puerta de atrás. Lo más delirante es que el Parlamento ya había dicho que no. El 14 de julio de 2022, el Congreso dinamitó la propuesta de Ciudadanos con 264 votos en contra.

Pero, ¡oh sorpresa!, la administración decidió que lo que el legislador rechaza, la burocracia lo aprueba con un sello. Resultado: más de 545.000 nacionalidades concedidas y una ambición de llegar a los 2,5 millones. Mientras tanto, un recurso de la Asociación por la Reconciliación y la Verdad Histórica lleva durmiendo en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desde diciembre de 2022, amenazando con convertir este castillo de naipes en un caos de anulaciones.

Entre el 'coladero cubano' denunciado por Santiago Abascal y el silencio sepulcral del Gobierno sobre la falta de base jurídica, queda la duda: ¿quién vigila al vigilante cuando el fiscal de turno es un fichaje de confianza?

Crítica:

El texto original es un ejercicio de indignación con datos precisos, aunque peca de ser demasiado dependiente de la narrativa de un solo medio. Le falta contrastar la respuesta técnica del Gobierno para no parecer un panfleto, aunque la hipocresía del 'no' parlamentario frente al 'sí' administrativo es un dato demoledor.

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