Crítica:
La noticia es un ejercicio de equidistancia aburrida que maquilla la huida del poder. Le falta courage para llamar 'estratégico silencio' a lo que es, sencillamente, un desplante institucional.
La noticia es un ejercicio de equidistancia aburrida que maquilla la huida del poder. Le falta courage para llamar 'estratégico silencio' a lo que es, sencillamente, un desplante institucional.
Hay quienes usan el móvil para pedir pizza y otros, como Juanma Serrano y Leire Díez, para diseñar la arquitectura de lo que algunos llaman 'cloacas' y otros, más ingenuos, 'gestión de equipo'. El juez Santiago Pedraz ha decidido que 10.842 mensajes son demasiados secretos para un solo dispositivo. Mientras el ciudadano medio se pelea con la cobertura en el ascensor, Serrano y Díez se dedicaron a un chat frenético que empezó el 5 de noviembre de 2020 y no terminó hasta el 24 de diciembre de 2024. Una relación digital más duradera que muchos matrimonios modernos. La aritmética del escándalo es sencilla: 9.355 mensajes por WhatsApp y otros 1.487 por Signal, esa aplicación que usan los que creen que el Estado no sabe leer el futuro. El detonante es el presunto 'enchufismo' en Correos, donde Díez aterrizó gracias a la mano amiga de Serrano. Pero lo jugoso no es el puesto, sino el lenguaje. Frases como 'la decisión del jefe de ayer' o citas urgentes a las 9:30 en Ferraz huelen a despacho cerrado y decisiones tomadas entre cafés caros mientras el resto esperamos la cola del juzgado. La trama se vuelve una película de espías de barrio. Aparece Javier Pérez Dolset coordinando agendas y Gaspar Zarrías como el 'limpiador' de los temas jurídicos. Y para rematar el cuadro, el toque surrealista: Leire informando sobre sus encuentros con José Manuel Villarejo, a quien apodaba cariñosamente 'el de la boina'. Según los chats, el de la boina suministraba 'papeles muy buenos para el jefe'. En España, el poder no se ejerce solo con decretos, sino con capturas de pantalla y chivazos de comisarios jubilados.
Hay una ironía deliciosa, casi cinematográfica, en el arte de pagarle el agua al vecino para que luego te cierre la puerta en la cara. Marruecos quiere la final del Mundial 2030 en Casablanca y, para convencer a Gianni Infantino y a la FIFA, ha sacado la cartera. Pero ojo, que la cartera no es la suya. El 'estirón' técnico de Rabat se basa en la desaladora de Sidi Rahal, la más grande de África, que garantiza que los VIPs no pasen sed mientras ven el partido en el estadio Hassan II (ese coloso de 115.000 espectadores que promete ingresos 150 millones superiores a los de Madrid). Aquí es donde la historia se vuelve surrealista. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación en la compra del súper, el Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido que 340 millones de euros en dinero público son una inversión razonable para financiar el grifo de quien ahora nos compite la final. Es una ingeniería financiera de manual: 250 millones vía FIEM, 60 millones a través de Cesce y otros 31 millones por Cofides. En resumen, hemos pagado casi el 40% de la obra para que Marruecos pueda decirle a la FIFA: 'Mirad qué modernos somos, tenemos agua potable'. El reparto del pastel es exquisito. Acciona se llevó el contrato en noviembre de 2023, no precisamente por ser los más baratos, sino por ir de la mano de Green of Africa y AfriquiaGaz. ¿Quiénes son? El grupo Akwa, propiedad de Aziz Ajanuch. Sí, el primer ministro marroquí y el hombre más rico del país después del Rey. Mientras España pone los créditos con condiciones privilegiadas, Marruecos pone el terreno y el poder político. No hay inversión marroquí en España, pero sí una generosa propina española para que Casablanca brille en el cuaderno de propuesta 'Yalla Vamos 2030'. Nos han vendido el puente y ahora resulta que el puente nos sirve para que ellos crucen y nos quiten la final.
En el manual de supervivencia del funcionario moderno, hay una regla de oro: si el barco se hunde, que sea en una empresa pública. Así opera la ingeniería del nepotismo actual. Mientras el ciudadano medio se pelea con la administración para que no le cobren el IBI dos veces, el Gobierno ha convertido a Tragsa en una suerte de refugio climatizado para los suyos. El caso estrella es el de Rocío López Cid, concejala y teniente de alcalde en Albaida del Aljarafe, que ha pasado de gestionar el voto por correo con métodos de película de espías de bajo presupuesto a gestionar subvenciones del 0,7% del IRPF. La trama es tan delirante que parece un chiste de mal gusto. López Cid no se limitó a 'ayudar' en la campaña; según el Juzgado de Instrucción número 3 de Sanlúcar la Mayor, la mujer prefería que los votos aterrizaran en su mesilla de noche antes que en las urnas. Hablamos de al menos 32 votos por correo sospechosos, donde la caligrafía de la edil coincide sospechosamente con la de los formularios. El nivel de descaro alcanzó su cenit cuando una solicitud de voto de un tal F.M.P. llegó directamente a su domicilio particular. Pero aquí viene la joya de la corona: lejos de darle un correctivo, el PSOE la ascendió a la Secretaría de Infancia en la dirección provincial de María Jesús Montero y, como premio al esfuerzo, la colocaron como asistente técnica en Tragsa, empresa dependiente del Ministerio de Agricultura y la SEPI. Es el ciclo perfecto: fraude electoral, ascenso político y un sueldo público para justificar que otros reciban ayudas. Solo cuando la Fiscalía pidió su imputación formal en febrero, la señora decidió que el aire en Tragsa ya no era tan puro y abandonó el puesto dos meses después. Un patrón de 'regeneración' que, según la Policía Judicial, se repite con precisión matemática desde Sevilla hasta Melilla, pasando por Tenerife y Murcia.
Imagínate comprarte un coche deportivo de lujo y descubrir que solo funciona con un combustible exótico que el gobierno acaba de prohibir. Pues bien, la Guardia Civil ha hecho exactamente eso, pero con 9.000 pistolas Ramon. Entre 2021 y 2023, el Estado soltó dos millones de euros a la empresa israelí EMTAM por unos juguetes que ahora sirven, básicamente, para sujetar papeles en un almacén. ¿El motivo? El Gobierno, en un alarde de coherencia geopolítica, vetó la compra de 15 millones de balas a IMI Systems por la guerra en Gaza. El problema es que, según los tests del Servicio de Armamento y Equipamiento Policial, las balas de Fiocchi Munizioni, Omena Technologies y Sellier & Bellot son básicamente petardos que se encasquillan. Solo las israelíes funcionaban. Pero esperen, que la ingeniería financiera es un arte. De esas 9.000 pistolas, unas 4.000 llegaron defectuosas; un agente terminó herido de gravedad porque el sistema de extracción era una broma. La solución de María Gámez fue enviar un 'kit de extracción', una especie de parche casero que no sirvió para nada. Como el contrato tenía una cláusula que impedía la devolución sin pagar una millonada, el Estado decidió quedarse con la chatarra. Para rematar la jugada, Fernando Grande-Marlaska ha lanzado una nueva licitación con Guardian Homeland Security. El resultado: 7.500 pistolas nuevas que cuestan 600 euros la unidad, frente a los 269 euros de las anteriores. Un recargo del 120% por el placer de empezar de cero. Mientras tanto, el Ministerio del Interior ha tenido que hacer malabarismos con contratos de 9,8 millones de euros para balas, jugando al gato y al ratón con los socios de coalición y las promesas de Pedro Sánchez. Un despliegue de gestión donde la seguridad ciudadana es la variable de ajuste.
Hay que tenerlo todo planeado, menos el abogado de patentes. El Gobierno de Pedro Sánchez decidió celebrar los 50 años de España en libertad montando una pasarela en el Congreso de los Diputados, con Marina Rivers como musa y una estética de firma de lujo. El resultado fue 'Dmocracia', una marca de ropa que suena a startup de Silicon Valley pero que tiene el respaldo del erario público. Lo cómico es que, mientras se gastaban 386.000 euros en el despliegue —un sablazo que haría llorar a cualquier autónomo—, se olvidaron de lo más básico: registrar el nombre. Para que nos entendamos, es como comprarse un coche de alta gama, dejarlo aparcado en la calle sin llave y sorprenderse cuando alguien se lo lleva. El desglose del gasto es una joya de la gestión institucional: 112.783 euros en confeccionar las prendas, 59.680 euros en sesiones de fotos para que todo quedara 'estético', 10.000 euros en asesoría de diseño y unos modestos 2.752 euros en logística y tarjetas. Casi 400.000 euros invertidos en una marca que, según la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, no era para vender, sino para 'posicionarse'. Pero en el tablero político no hay espacio para los despistes. El pasado 9 de julio de 2026, Vox decidió que el vacío legal era una invitación formal y solicitó el registro de 'Dmocracia' ante la Oficina Española de Patentes y Marcas. Mientras el Ejecutivo presume de libertad y vanguardia, la oposición se ha quedado con el 'estuche' de la marca. Una jugada maestra de troleo administrativo que deja al Gobierno haciendo el ridículo con ropa cara y sin nombre propio.
Hay quien dice que la memoria es un refugio, pero en los pasillos del poder parece que la memoria es, sobre todo, una herramienta de ingeniería electoral. Hazte Oír ha decidido llevar el ruido hasta Bruselas, registrando una petición en el Parlamento Europeo para que alguien, en algún despacho comunitario, analice si la 'ley de nietos' es una reparación histórica o un truco de magia para inflar el censo. Para el ciudadano de a pie, que lucha con la declaración de la renta, la aritmética es sencilla: la Ley de Memoria Democrática de 2022 abrió el grifo. El plazo cerró el 22 de octubre de 2025 con un volumen de solicitudes que parece la cola de un concierto de Taylor Swift: 2,45 millones de personas, con un 90% concentradas en Latinoamérica y un Buenos Aires que, con 645.000 peticiones, parece el verdadero ayuntamiento de España. De momento, el Gobierno ha aprobado unas 545.000. La joya de la corona es la instrucción de octubre de 2022 de Sofia Puente —hermana del ministro de Transportes—, quien decidió que probar la persecución política era un trámite aburrido. Basta con haber salido del país entre 1936 y 1955 para ser 'exiliado' por decreto. Es el equivalente administrativo a decir que cualquiera que haya salido a comprar pan en esos años era un refugiado. El problema no es el pasaporte, sino el voto. El CERA es el comodín donde unos pocos miles de votos desde el extranjero pueden decidir el último escaño de una provincia, permitiendo que el interesado elija dónde registrarse aunque no haya pisado esa tierra en su vida. Entre esto y la regularización masiva de más de 750.000 personas, Hazte Oír advierte que se está alterando la estructura electoral española, poniendo en duda los valores del artículo 2 del Tratado de la Unión Europea. Bruselas ha respondido con la burocracia habitual: que hay mucha cola y que ya mirarán la petición cuando puedan.
Hay que tener una agilidad mental envidiable para convertir un viaje de emigración de 1923 en un exilio político de 1936. Juan Manuel de Hoz, el portavoz del Centro de Descendientes de Españoles Unidos (CeDEU), ha ejecutado una maniobra de ingeniería administrativa que dejaría pequeño cualquier truco de magia. Mientras el ciudadano medio pelea con la burocracia para renovar el DNI, De Hoz se deslizó por la Ley de Memoria Democrática con la velocidad de un Fórmula 1: tres semanas bastaron para obtener la nacionalidad española. Lo fascinante no es la rapidez, sino la gimnasia temporal. Sus abuelos paternos se fueron de España en 1921 y se instalaron definitivamente en Buenos Aires en 1923, huyendo de la pobreza y el golpe de Primo de Rivera. Es decir, se fueron 13 años antes de que estallara la Guerra Civil. Pero en el universo paralelo de la Ley de Nietos, eso parece ser un detalle insignificante. El 21 de octubre de 2022 la norma entró en vigor según el BOE, y para el 1 de diciembre de 2022, el PSOE de Argentina ya presumía en redes sociales de su nuevo afiliado. Cuarenta días. Eso es lo que tardó el ciclo completo: nacionalidad y carné del partido. Un 'pack bienvenida' que hace que cualquier oferta de cuenta bancaria parezca lenta. El Gobierno de Pedro Sánchez ha abierto la veda a un flujo de pasaportes que ya no distingue entre exiliados y quienes emigraron en el siglo XIX, incluyendo casos de 1882 o 1898. El objetivo es claro: importar votos. El PSOE presume de que Argentina tendrá más nacionalizados con derecho a voto que el 95% de las ciudades españolas. Básicamente, están haciendo una compra de electorado transatlántica usando la memoria histórica como moneda de cambio.
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