Crítica:
El texto original es un acta judicial disfrazada de noticia. Le falta el análisis de la desproporción entre el cargo del demandante y la naturaleza de la protesta.
El texto original es un acta judicial disfrazada de noticia. Le falta el análisis de la desproporción entre el cargo del demandante y la naturaleza de la protesta.
Pedro Sánchez ha vuelto a jugar al Tetris con la justicia, pero esta vez las piezas no encajan ni con pegamento industrial. El miércoles 29 de julio de 2026, desde el Palacio de la Almudaina, el presidente decidió que Laura Borràs —expresidenta del Parlamento catalán y pieza clave de Junts— merece un indulto parcial. ¿El argumento? Que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña considera la pena de prisión excesiva. Así, sin más, como quien justifica que te cobren de más en el parking diciendo que 'bueno, al menos el coche está entero'. Lo cómico es que Sánchez insiste en que esto no tiene nada que ver con la negociación de Presupuestos ni con la política. Es la misma gimnasia mental que vimos en junio de 2021, cuando indultó a nueve cabecillas del procés ignorando olímpicamente al Tribunal Supremo y a la Fiscalía. En aquel entonces, la opinión de los jueces era como el folleto de ofertas del supermercado: se mira y se tira. Pero aquí llega la trampa del cazador. Si la regla de oro ahora es 'obedecer la opinión del tribunal', Sánchez se ha puesto una soga al cuello con Álvaro García Ortiz. El ex fiscal general del Estado, condenado por revelar datos reservados, tiene el camino bloqueado porque el Tribunal Supremo, a mediados de junio, se opuso frontalmente a su indulto parcial alegando que los hechos fueron graves. Si Sánchez aplica la 'doctrina Borràs', García Ortiz se queda fuera. Mientras tanto, el caso Leire sigue sumando pasajeros en el barco del juez Santiago Pedraz. Con ya treinta imputados, incluyendo a la gerente del PSOE, Ana Fuentes, y a Juanma Serrano, el presidente se refugia en la 'presunción de inocencia'. Es el escudo estándar: cuando la tormenta es fuerte, el jefe se pone la chaqueta impermeable y dice que 'ya veremos en qué deriva la causa'.
Hay quienes llaman 'asesoría' a lo que en el barrio conocemos como el clásico 'favor por dinero'. El exsecretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, parece haber montado un sistema de ingeniería financiera tan sofisticado que haría llorar a cualquier gestor de barrio. La UDEF ha destapado que el botín asciende ya a 3.094.581,10 euros, el doble de lo que se sospechaba. Mientras el ciudadano medio se pelea con la letra pequeña de la hipoteca, Zapatero y Sonsoles Espinosa liquidaron la suya de 500.000 euros justo cuando su empresa familiar, Whathefav, movía 450.000 euros hacia las cuentas de sus hijas, Laura y Alba. Una coincidencia temporal que, para los investigadores, tiene la credibilidad de un billete de tres euros. El esquema es un baile de máscaras. Plus Ultra, que se tragó 53 millones de euros públicos en un rescate, decidió agradecer la gestión con un 'bonus' de 1.159.558,00 euros. Pero claro, el dinero no viaja en línea recta. Primero pasó por Caletón Consultores —una empresa pantalla que no hace nada más que mover papeles—, donde Julito Martínez repartió el pastel hacia IOT Domotic Europe y Voi Analítica. La lista de 'mecenas' es un catálogo de la hipocresía corporativa: desde los 851.180 euros de Kreab Iberia y los 649.552 de Thinking Heads Group, hasta los 490.780 que Analysis Relevante (la joya de Javier de Paz) soltó directamente. Incluso hay migajas de 31.766 euros de Thinking Heads Americas y 47.120 del Zayed Award. El despliegue es tal que el juez José Luis Calama va a analizar 60 cuentas bancarias. Incluso la secretaria, Gertrudis Alcázar, se ha unido al festín comprándose un piso de 132.055 euros en Velilla de San Antonio, pagado al contado y sin hipoteca. Un lujo que, curiosamente, coincide con el ritmo de los contratos simulados.
Hay que tener un optimismo blindado para creerse que en política las cosas caen por su propio peso y no por un empujón coordinado. Pedro Sánchez, desde la placidez del palacio de Marivent en Palma de Mallorca, ha pedido que tengamos 'absolutamente claro' que el indulto a Laura Borràs no tiene nada que ver con los Presupuestos Generales del Estado. Claro, porque en el tablero del poder las piezas se mueven por pura filantropía jurídica y no porque alguien necesite votos para no estrellarse antes de 2026. La ingeniería es fina. Borràs, que entre 2013 y 2018 se dedicó a repartir contratos a dedo a un amigo mientras dirigía la Institución de las Letras Catalanas, se enfrentaba a cuatro años y seis meses de cárcel por prevaricación y falsedad documental. Pero, ¡oh sorpresa!, el Consejo de Ministros ha decidido que esa cifra es 'excesiva' basándose en una resolución del TSJC. El resultado es un recorte de precio digno de Black Friday: la pena baja a dos años, evitando que la expresidenta del Parlamento de Cataluña pise una celda. Se mantienen la multa y la inhabilitación por cuatro años, el maquillaje justo para decir que no es un cheque en blanco. Mientras Sánchez esquiva la imputación de Leonardo Marcos en el caso Leire Díez con la agilidad de un experto en slalom y lanza una pulla sobre el ático de Isabel Díaz Ayuso, insiste en que su intención es agotar la legislatura. Dice que quiere repetir el despacho con el Rey el año que viene. En resumen: el Gobierno hace una 'oferta' judicial justo cuando los números en el Congreso no cuadran. Es la aritmética del perdón: menos cárcel para unos, más tranquilidad para el Ejecutivo.
Hay quien tiene la suerte de que Hacienda le mande una carta recordándole que ha olvidado deducir el IVA de la cafetera, y hay quien, como José Luis Rodríguez Zapatero, tiene un despacho que parece el tesoro de las cavernas. Estamos hablando de unas joyas tasadas en 1,3 millones de euros. Para el ciudadano medio, esa cifra es el sueño húmedo de tres generaciones de ahorradores; para la Agencia Tributaria (AEAT), es un imán irresistible que amerita una investigación a fondo sobre el expresidente, su mujer María Sonsoles, sus hijas Laura y Alba, y su pagador Julio Martínez Martínez, incluyendo a la sociedad Whathefav SL. Lo surrealista ocurre en julio, cuando la AEAT, en un alarde de timidez administrativa, le pide al juez José Luis Calama que, por favor, paralice la investigación fiscal. El argumento es digno de un examen de derecho para principiantes: dicen que no pueden investigar de oficio mientras haya una vía penal abierta. Básicamente, querían dejar que el reloj de la prescripción avanzara mientras el juez decidía, como quien espera a que caduque la leche antes de tirar la caja entera. Pero el juez Calama no ha comprado el cuento. En un auto tajante, ha recordado que paralizar una liquidación es algo 'estrictamente excepcional'. En cristiano: que no se puede cerrar la persiana solo porque el investigado sea un exmandatario. El magistrado ha dejado claro que no hay indefensión alguna y que, si la AEAT encuentra el más mínimo indicio de delito fiscal mientras rebuscan entre los brillantes, debe avisar al juzgado inmediatamente. Mientras el resto del país ajusta la lista de la compra, la justicia insiste en que el brillo de 1,3 millones de euros no puede quedar oculto tras un tecnicismo procesal.
Hay una forma de gestionar la seguridad pública y luego está la versión de Alfonso Rodríguez, el delegado del Gobierno en Baleares, que decidió jugar al Tetris con miles de personas. El domingo en Palma, la manifestación antiturística terminó en Ses Voltes, un lugar que los mandos de la Policía Nacional y la Policía Local describieron con la precisión de un cirujano: una 'ratonera'. Mientras los técnicos sugerían el Parc de la Mar —un espacio capaz de absorber a 50.000 personas sin sudar—, la Delegación del Gobierno prefirió el camino del riesgo, ignorando las advertencias como quien ignora el aviso de 'está caliente' en una taza de café. El resultado fue el esperado. Cuando el flujo de gente saturó el recinto, la Policía Nacional tuvo que regular la entrada para evitar que el tapón humano se convirtiera en tragedia. Claro que entonces la organización, usando la megafonía, decidió que el enemigo era el uniforme y no la falta de espacio. Los agentes, que se sienten dejados 'como a una colilla', denuncian que se impuso la agenda política sobre la seguridad técnica. Pero aquí viene lo jugoso: el ruido de pasillo sugiere que Rodríguez no solo tiene el problema de la 'ratonera', sino que su silla en el PSOE baila peligrosamente. Fuentes cercanas indican que su continuidad está en debate interno, lo que dejaría al partido en Calvià sin un relevo claro para encabezar la candidatura socialista. Al final, entre infiltrados violentos y decisiones cuestionables, lo único que ha quedado claro es que mandar desde un despacho es muy fácil hasta que la calle te devuelve el golpe.
La aritmética del Gobierno de Aragón acaba de lanzar un dardo directo al bolsillo de los menores extranjeros no acompañados. Alejandro Nolasco, vicepresidente y arquitecto de esta nueva disciplina, ha decidido que se acabó el 'dinero gratis': ha ordenado suprimir las asignaciones semanales de 74 euros al mes por menor. Para el ciudadano medio, suena a una cantidad modesta, pero en la maquinaria administrativa esto supone un ahorro de 194.114 euros anuales. Es, básicamente, dejar de financiar la fiesta cuando el local se ha vuelto ingobernable. Y es que los datos, esos que Vox ahora despliega bajo el mantra de la 'transparencia', son un despliegue de cinismo y caos. El 25% de estos chicos están castigados sin salir por 'comportamientos peligrosos' o tienen expedientes abiertos. Imagínate pagar la merienda a alguien que tiene prohibido salir a la calle por orden judicial; es como darle gasolina a un coche que tiene el motor fundido y el freno de mano echado. De los 219 menores acogidos, uno de cada cinco está bailando con la justicia. Mientras tanto, la realidad en los centros CATIM, CAIIMA de Movera y Peralta de la Sal parece el guion de una película de acción barata: peleas multitudinarias, fugas y agresiones a trabajadores entre el 20 de mayo y el 19 de junio. Desde robos violentos a una anciana de 90 años hasta palizas grupales que terminan en hospitalización. Ante este escenario, Sira Rego, desde el Ministerio de Juventud e Infancia, ha saltado con una denuncia ante la Fiscalía, alegando discriminación. Pero Nolasco, blindado por un informe favorable de los Servicios Jurídicos y el acuerdo con el PP de abril pasado, ha pasado del todo. Al final, la pregunta es simple: ¿por qué pagar la asignación a quien usa el tiempo libre para coleccionar denuncias policiales?
La Ley de Memoria Democrática nació con el romanticismo del exilio y la tragedia del franquismo, pero terminó convirtiéndose en un buffet libre de pasaportes europeos. Joaquín de Arístegui Laborde, embajador en Argentina, lo ha admitido con una naturalidad pasmosa: se hicieron una «interpretación generosa». Traducido al lenguaje de la calle, es como si el portero de una discoteca exclusiva, que solo dejaba pasar a los que tenían invitación, decidiera de repente dejar entrar a todo el mundo porque 'el espíritu de la fiesta era la inclusión'. La jugada maestra llegó con Sofía Puente, entonces directora general de Seguridad Jurídica y Fe Pública, quien firmó una instrucción que básicamente borró la palabra 'exilio' de la ecuación. ¿El resultado? Gente cuyos antepasados se fueron de España a finales del siglo XIX —cuando todavía se viajaba en barco y se usaban velas— ahora lucen el pasaporte español. No hace falta haber sufrido la represión, basta con tener un lazo de sangre y saber rellenar un formulario. Los números son mareantes y huelen a estrategia de despacho: 2,6 millones de solicitudes globales, con un millón concentradas en Argentina y un núcleo duro de 650.000 en Buenos Aires. Medio millón de expedientes ya tienen el visto bueno. Mientras tanto, la justicia de Madrid ha abierto diligencias contra Puente por presunta prevaricación. Pero el verdadero motor aquí no es la justicia, sino la aritmética electoral. Lorena Suárez, del PSOE argentino, ya celebraba que 'quedaron muy pocos afuera'. El objetivo es claro: inflar el voto exterior en provincias pequeñas donde el PSOE y el PP se pelean por un puñado de votos. Básicamente, han convertido el árbol genealógico de medio continente en una herramienta de campaña electoral.
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