Preocupa la fábrica de coches chinos de Ferrol, pero no que España comprara 4.500 coches chinos para el Ejército hace dos años

Coches chinos: el espionaje que nos conviene

politica Una ilustración satírica que muestra un coche pick-up militar moderno con una bandera china discreta, estacionado frente a una valla de alta seguridad con un cartel de 'Zona Militar'. Al lado, un funcionario con gafas oscuras y traje mira con miedo una fábrica lejana a través de unos binoculares, mientras sostiene la factura de compra del coche.

La memoria en los despachos de Madrid tiene la duración de un caramelo en la puerta de un colegio. Resulta que ahora el CNI y el Ministerio de Defensa han entrado en pánico colectivo porque una fábrica de coches chinos quiere instalarse en Ferrol. El drama es que estarían a solo cinco kilómetros de la base naval y de Navantia, donde se cocinan los secretos mejor guardados de nuestros buques.

De repente, el riesgo de espionaje es una amenaza existencial que podría tumbar la inversión industrial. Fascinante. Lo verdaderamente cómico ocurre cuando miramos el historial de compras. Hace apenas dos años, el Estado decidió que no había ningún problema en meter 4.500 coches de la marca Changan en las entrañas del Ejército.

Un sablazo de 217 millones de euros que dejó fuera de juego al Ford Ranger americano y al Santana Aníbal español. Sí, preferimos el Changan Hunter porque, según el grupo Iturri, era la opción ganadora. Para que el cuento pareciera más europeo, los coches hacían una escala técnica en Alemania para 'maquillarse' la electrónica y el motor antes de terminar su militarización en Sevilla, Orense y Madrid. Estamos hablando de pagar unos 48.000 euros por cada pick up.

Un vehículo de 5,30 metros y 2.000 kilos que, aunque se venda como Peugeot Landtrek en otros mercados, nace íntegramente en China. La hipocresía es deliciosa: nos aterra que los chinos pongan una nave en Galicia, pero nos parece estupendo que nuestros soldados patrullen en vehículos fabricados en el mismo lugar donde se diseñan los planes de seguridad del Pacífico.

Es como cerrar la puerta de casa con siete cerrojos mientras dejamos las llaves puestas en la cerradura exterior para que el vecino las encuentre más fácilmente.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de contradicciones, pero falla al no cuestionar quién firmó exactamente el contrato de los 217 millones. Es una noticia que se queda corta en nombres propios para repartir culpas.

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