La receta mágica de Irene Montero para solucionar la economía

Montero: trabajar menos, cobrar más y magia

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un libro de leyes gigante y dorado que actúa como una varita mágica, lanzando chispas sobre una ciudad donde los edificios de apartamentos se encogen y los relojes de pared se derriten, simbolizando la reducción del tiempo laboral. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, sin personas reales.

Hay quien confunde el presupuesto de un Estado con el saldo de una tarjeta prepago y el BOE con una varita mágica. Irene Montero, ya en modo campaña para las generales, ha aterrizado en la Cadena Ser con un plan económico que hace que la lista de la compra parezca un ejercicio de austeridad extrema.

La propuesta es sencilla, casi poética: trabajar menos y cobrar mucho más. Concretamente, quiere que nos plantemos en las 30 horas semanales y un salario mínimo de 1.800 euros. Traduzcamos esto al idioma de la calle para que no nos vendan humo: estamos hablando de recortar la jornada laboral un 25% y, simultáneamente, meterle un sablazo del 47,4% al SMI actual (que ronda los 1.221 euros).

Es una jugada maestra de ingeniería financiera, siempre y cuando ignores que el Banco de España ya nos advirtió que una subida del 22,3% en 2019 se llevó por delante entre 90.000 y 180.000 empleos. Hacerlo ahora, y trabajando menos horas, sería como intentar que el coche corra más quitándole gasolina y poniendo el freno de mano. Pero la magia no termina ahí.

Montero quiere 'bajar el precio de la vivienda por ley'. Según la eurodiputada, entre 2020 y 2022 ya lo hicieron y funcionó. Claro, se olvida convenientemente de que los precios bajaron porque el turismo murió durante la pandemia y los pisos turísticos volvieron al mercado por pura desesperación, no por el decreto antidesahucios.

Pretender que el mercado inmobiliario se doble ante un decreto es como intentar bajar la fiebre de un paciente prohibiéndole que tenga calor. Muy noble en el papel, pero en la realidad, el resultado suele ser que el dueño del piso retira la vivienda y el inquilino se queda con la ilusión y el BOE bajo el brazo.

Crítica:

El texto original es un despliegue de datos correctos pero con un sesgo evidente hacia la economía ortodoxa. Le falta analizar si existen modelos internacionales similares para no quedarse solo en la crítica del 'imposible'.

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