Las denuncias por prácticas corruptas en los contratos públicos se triplican desde 2022

Contratos públicos: más chiringuitos y menos control

politica Una ilustración conceptual y satírica. Una mesa de oficina gubernamental lujosa donde un pastel gigante que representa el 'presupuesto público' está siendo cortado en trozos desiguales por manos invisibles con trajes caros. Alrededor, una montaña de papeles de denuncias acumulándose mientras un extintor de incendios oxidado y abandonado cuelga de la pared. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de ironía.

Parece que el arte de repartir el pastel público con los dedos untados de mantequilla se ha vuelto tendencia. Según el último Informe Anual de Supervisión de Oirescon, aprobado el 29 de julio, las denuncias por prácticas corruptas en contratos públicos han pasado de ser un ruido de fondo a un concierto ensordecedor: de 32 casos en 2022 saltamos a 102 en 2025.

Es un crecimiento que haría envidia a cualquier startup de Silicon Valley, pero con la diferencia de que aquí el capital es el dinero de todos. Para que nos entendamos, mientras el ciudadano medio mira la factura de la luz con pavor, el sistema de adjudicaciones parece haber entrado en una fase de 'creatividad' desbordante.

Las denuncias totales se dispararon un 67,85% en un año, pasando de 311 en 2024 a 522 en 2025. Lo más irónico es que el 95,59% de estas alertas vienen del sector privado; es decir, los propios empresarios están gritando que el juego está trucado, mientras que el sector público, con un tímido 4,41%, prefiere hacer como que no ve nada. El menú de irregularidades es variado.

Tenemos el clásico 'fraccionamiento del objeto' (dividir el contrato para saltarse el control), que subió de 39 a 88 casos en un año, y las irregularidades en la adjudicación, que pasaron de 34 a 89. Todo esto con el eco aún resonando de las mascarillas y las obras públicas.

El Tribunal Supremo ya tiene en el visor a José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama, este último que además protagoniza una trama de hidrocarburos con un agujero contable de 182,5 millones de euros. Pero aquí llega el chiste final: mientras las denuncias se triplican, las actuaciones preventivas de las agencias antifraude han caído en picado, pasando de 196 en 2022 a solo 68 en 2025.

En resumen, hay más gente gritando que hay fuego, pero el cuerpo de bomberos ha decidido reducir sus turnos en un 65%.

Crítica:

El texto original es un despliegue de datos asépticos que oculta la gravedad del asunto tras términos administrativos. Es alarmante que el informe admita una caída en la prevención mientras las denuncias explotan y no se cuestione el porqué.

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