Hay una coreografía muy precisa en el arte de la diplomacia: primero se tiende la alfombra roja y luego se recogen los frutos. En abril de 2006, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a través de José Montilla y el gobernador Amr A. Al-Dabbagh, firmó en Riad un convenio para que las inversiones saudíes en España tuvieran un camino libre de baches, asegurando un 'tratamiento justo' y prohibiendo cualquier 'medida arbitraria'.
Básicamente, le dijeron al Reino que aquí eran bienvenidos y que sus millones estarían más protegidos que un tesoro nacional.
La magia ocurrió un año después. En junio de 2007, durante una visita oficial a La Moncloa, el rey Abdullah Bin Abdulaziz Al-Saud decidió que la gratitud no se demuestra solo con apretones de manos.
Zapatero terminó con un 'detalle' en su caja fuerte de la calle de Ferraz que haría palidecer a cualquier joyero de Cartier: 103 piezas entre rubíes, esmeraldas, zafiros y oro blanco con diamantes. Un botín valorado en 1,3 millones de euros que, curiosamente, no apareció en ninguna declaración a Hacienda.
Mientras el ciudadano medio suda para pagar el IBI, el exmandatario guardaba un patrimonio que, según expertos, le habría costado un sablazo de 600.000 euros en IRPF (aplicando el tipo marginal del 45%).
Ahora el juez José Luis Calama ha decidido que ese 'regalo' tiene aroma a delito fiscal y contrabando, poniendo sobre la mesa una posible condena de hasta seis años de prisión.
Lo más irónico de este guion es que el convenio de 2006, el que preparó el terreno para el afecto saudí, no entró en vigor hasta 2016, bajo el mandato de Mariano Rajoy. Parece que Zapatero cobró la comisión de gestión con una década de antelación, demostrando que en la alta política, el 'intercambio de cortesías' es un deporte de élites donde las reglas fiscales son, simplemente, sugerencias.
Crítica:
La noticia es un ejercicio de contrastes temporales brillante, aunque se apoya excesivamente en la interpretación de expertos externos para calcular la multa. El vínculo causal entre el convenio y las joyas es una sugerencia potente, pero carece de una prueba documental directa más allá de la cronología.
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