El regreso de Pujol: intensifica su agenda pública seis meses después de eludir el juicio

Pujol: Alzheimer para el juez, agenda llena

politica Una ilustración satírica y conceptual. Un hombre anciano elegante con un traje gris, sosteniendo una máscara de porcelana rota que representa la 'enfermedad' en una mano, mientras con la otra sostiene un micrófono dorado frente a una multitud borrosa. Al fondo, una balanza de la justicia desequilibrada con monedas de oro en un plato y un informe médico en el otro. Estilo editorial de revista política, colores sobrios con contrastes fuertes.

Hay una magia casi mística en la salud de ciertos personajes públicos: una capacidad camaleónica para estar 'demasiado enfermo para el juez' pero 'perfectamente lúcido para el brindis'. Jordi Pujol, el patriarca que durante 30 años jugó al escondite con una fortuna en Andorra, ha descubierto que el Alzheimer es un traje a medida que se puede quitar y poner según la agenda.

Tras eludir un proceso judicial que le reclamaba nueve años de cárcel por una ingeniería financiera familiar que haría palidecer a cualquier banquero suizo, el 'expresident' ha vuelto a la carga con una agenda más apretada que la de un candidato en campaña. La coreografía es perfecta.

Primero, el blindaje médico: marcadores de Alzheimer y una memoria verbal en ruinas que lo exoneraron por incapacidad. Pero, ¡milagro! Apenas seis meses después, el nonagenario recupera la oratoria para dar lecciones de realismo político. Desde el Palau de la Generalitat en 2024 hasta el Palau de Pedralbes en 2025, Salvador Illa ha oficiado como el anfitrión de esta rehabilitación, recibiéndolo con la naturalidad de quien saluda a un vecino, ignorando que la causa contra sus siete hijos por blanqueo y asociación ilícita sigue esperando sentencia. El calendario de octubre es el colmo del surrealismo.

El lunes 5, Pujol rendirá tributo a Lluís Prenafeta, su mano derecha de los 80 y condenado en el caso Pretoria. Mientras el ciudadano medio lucha contra la inflación, el entorno convergente organiza mesas redondas con figuras como José Antich y Vicent Sanchis para pulir el legado del patriarca.

Entre visitas a los Gegants de Convergència en Mataró y guiños en la Pedrera con Víctoria Asina, Pujol se pasea por una Cataluña que, aunque él admita que ya no lo incluye, sigue siendo su tablero de juego. Una rehabilitación sin rebozo donde la ética es un accesorio opcional.

Crítica:

El texto original es una crónica de hechos disfrazada de análisis que no se atreve a llamar 'cinismo' a la conveniencia médica del protagonista. Le falta profundidad en el contraste entre la exoneración judicial y la actividad pública actual.

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