Los refuerzos de Interior en Ceuta se ven obligados a dormir en Algeciras

Policías en ferri y hoteles vacíos: caos Ceuta

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un ferri pequeño y saturado navegando en un mar agitado, donde en la cubierta se ven cascos de policía y maletas, mientras al fondo se vislumbra la silueta de una ciudad costera bajo una luz crepuscular fría. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de agotamiento y caos logístico.

Gestionar una frontera es complejo, pero gestionar la logística de quienes deben custodiarla parece haber sido un ejercicio de improvisación creativa. Desde finales de julio, Ceuta ha absorbido la entrada de unas 80.000 personas vía El Tarajal, y el resultado es un tablero donde nadie cabe.

Ni los migrantes, ni las víctimas, ni siquiera los propios policías. Resulta casi surrealista que el Ministerio del Interior haya desplegado refuerzos de la UIP y de la Comisaría General de Extranjería para acabar obligándolos a dormir en Algeciras. Sí, han convertido la jornada laboral en un crucero forzoso: dos horas diarias de ferri para que los agentes puedan cerrar los ojos en un hotel gaditano porque en la ciudad autónoma no hay una cama libre.

Es como contratar a un fontanero para arreglar una fuga y decirle que, como no hay sitio en el barrio, se instale en la ciudad vecina y viaje en barco cada mañana. Mientras los agentes de Extranjería lidian con documentos falsos de "mucha calidad" y la UIP desmantela asentamientos en la playa de Benítez y la desaladora, la realidad social es un incendio sin extintores.

El centro Mediterráneo ha pasado de ser un refugio a un cuello de botella donde las menores víctimas de agresiones sexuales no tienen dónde meterse. Los datos del CGPJ del 22 de septiembre son un puñetazo: 37 procedimientos por agresión sexual entre el 30 de julio y el 14 de septiembre, un salto del 75% respecto al año pasado.

Sin embargo, en el Congreso, la ministra Ana Redondo se ha permitido el lujo de presumir de una labor "muy importante" y de sus 59 centros de crisis. Es la eterna danza del poder: mientras en el terreno se cuentan violaciones y falta espacio, en el despacho se cuentan logros y leyes de paridad.

Para rematar el cuadro, Amnistía Internacional señala a los militares por torturas, mientras la ATME, con Marco Antonio Gómez a la cabeza, recuerda que las agresiones a los uniformados también existen, aunque no entren en el catálogo de las ONG.

Crítica:

La noticia expone una desconexión brutal entre la narrativa ministerial y la realidad operativa. Pecan de no profundizar en el coste económico de trasladar a los agentes a Algeciras, que es un agujero contable evidente.

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