Pedro Sánchez anunció en 2018 la creación de una ley de vivienda contra los fondos buitre, aunque han tenido que pasar ocho años para que vuelva a ponerla sobre la mesa

Sánchez y la vivienda: promesas en alquiler

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un reloj de arena gigante donde en la parte superior hay llaves de casas y documentos legales que caen lentamente, pero en la parte inferior se transforman en monedas de oro que son recogidas por manos invisibles en trajes corporativos. Fondo de arquitectura gubernamental fría y gris, estilo editorial de revista política, colores contrastados.

Hay promesas que envejecen como el buen vino y otras que, como la ley de vivienda de Pedro Sánchez, se convierten en vinagre en la despensa del Estado. El 12 de septiembre de 2018, el presidente salió al Congreso con el pecho inflado, prometiendo una norma que blindaría la vivienda social y mandaría a paseo a los fondos buitre.

En aquel entonces, el discurso era puro fuego: hablaba de garantizar la igualdad y de frenar la venta de casas públicas como quien promete limpiar la cocina el sábado y acaba el domingo viendo series. Sánchez puso el dedo en la llaga con la Comunidad de Madrid, denunciando que el PP y Ciudadanos habían regalado el parque público a los fondos de inversión.

Las cifras eran un sablazo: 5.000 viviendas públicas que desaparecieron en el agujero contable de la especulación, repartidas entre 1.860 pisos de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo y 2.935 del IVIMA. Prometió que la Abogacía General del Estado se personaría en el proceso penal y que no le temblaría la mano.

Al final, la mano no tembló, pero parece que se quedó dormida durante ocho años. Llegamos a 2026 y la realidad es un jarro de agua fría. Mientras el caso de Maricarmen pone los pelos de punta a la opinión pública, el Gobierno intenta rescatar el mueble con dos decretos que el Congreso ha dinamitado este viernes.

El 'decreto ómnibus' ha muerto por los votos de PP, Vox, Junts y UPN, y la prórroga de alquileres ha sido fulminada sumando el rechazo del PNV y Coalición Canaria. Al final, lo que empezó como una cruzada contra los fondos buitre ha terminado siendo un ejercicio de equilibrismo político que huele, sospechosamente, a adelanto electoral.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de arqueología política necesario, aunque omite el detalle de qué pasó exactamente con la personación de la Abogacía General del Estado. Un título que resume la inoperancia legislativa disfrazada de retórica.

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