"No se exige al hermano de Pedro Sánchez la devolución inmediata de los 341.000 euros porque la responsabilidad civil solo puede ser reclamada por el ministerio fiscal o quien se considera perjudicado"

341.000 euros: el premio al 'interés particular'

politica Una ilustración satírica de estilo editorial. Un maletín abierto lleno de billetes sobre un escritorio burocrático antiguo y polvoriento. Al lado, un mazo de juez de madera que sostiene un papel donde se lee 'Inhabilitado', pero el mazo no llega a tocar el dinero. Fondo con sellos oficiales borrosos y una atmósfera de oficina gubernamental decadente, colores sepia y contrastes fuertes.

Hay una magia muy especial en la administración pública española: la capacidad de reconocer que alguien ha cobrado un sueldo indebido y, acto seguido, decidir que no hay prisa por recuperarlo. David Sánchez, hermano del presidente, ha sido condenado a nueve años de inhabilitación por un nombramiento que el juez define como un 'interés particular' sin urgencia ni necesidad.

Pero aquí viene el truco de magia financiera. Entre julio de 2017 y mayo de 2025, el señor Sánchez ha percibido 341.000 euros. Para que nos entendamos, es como si un vecino te alquilara el garaje sin contrato, el juez dijera que el trato fue ilegal, pero que tú te quedes con el dinero porque el dueño del edificio se ha olvidado de presentar la factura. La razón es un tecnicismo procesal digno de manual.

La responsabilidad civil no la puede pedir la acusación popular, y como la Fiscalía pidió la libre absolución y la Diputación de Badajoz decidió jugar al escondite y no personarse, el dinero se queda, de momento, en el bolsillo del condenando. Una arquitectura legal fascinante donde la inactividad institucional se convierte en el mejor aliado del beneficiario.

Jesús Zarzalejos, profesor de CUNEF Universidad, lo ha dejado claro: no reclamar ese dinero es, en sí mismo, una forma de malversación. El reparto de premios no termina ahí. Junto a David, Luis Carrero y otros ocho funcionarios también se llevan nueve años de inhabilitación especial.

Miguel Ángel Gallardo tampoco podrá aspirar a cargos electos. Eso sí, el tráfico de influencias se ha escapado por la tangente porque no hay 'pruebas indiciarias' de que alguien diera la orden desde arriba. En resumen: el puesto fue un invento, el dinero fue público, la condena es administrativa, pero la cartera sigue llena.

El abogado Emilio Cortés ya prepara el recurso, porque claro, en este cuento nadie quiere aceptar que el guion estaba mal escrito desde 2016.

Crítica:

La noticia es un festín de tecnicismos que intenta disfrazar una aberración administrativa. El hecho de que la Fiscalía pidiera la absolución es el verdadero elefante en la habitación que el texto apenas roza.

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