El contrato que demuestra que Sánchez cedió ante BBVA frente a los expropiados por Franco

Sánchez y el BBVA: El pelotazo de Chamartín

politica Una ilustración satírica estilo editorial de periódico. Se ve una mesa de despacho lujosa donde un fajo de billetes y un contrato oficial sirven de puente entre un político anónimo y un ejecutivo bancario, mientras debajo de la mesa, decenas de manos pequeñas y cansadas de personas humildes intentan sostener la estructura para que no caiga. Colores contrastados, sombras dramáticas, estilo dibujo a tinta y acuarela.

Hay una coreografía política que ya cansa: el Gobierno se pone la camiseta del 'escudo social' y sale a la calle a gritar que los fondos buitre son el demonio, pero en los despachos el lenguaje es otro. Mientras el ciudadano medio pelea con la hipoteca, el Estado le ha montado un buffet libre al BBVA en la Operación Chamartín.

El 28 de diciembre de 2018, Isabel Pardo de Vera —la ex presidenta de Adif que ahora colecciona imputaciones en la Audiencia Nacional— y el ministro José Luis Ábalos firmaron un contrato que es, básicamente, un manual de cómo hacerle un favor a un banco usando el dinero público como colchón. La jugada es brillante en su cinismo.

Primero, convirtieron un alquiler de 90 años en una compraventa. Pero claro, el BBVA no tiene que soltar los casi 1.000 millones de euros ahora; se los aplazan 20 años con un interés del 3%, una tasa que cualquier ahorrador con dos dedos de frente consideraría un insulto. Segundo, el Estado decidió cargar con el 'marrón' de los expropiados por el franquismo.

Si los tribunales dan la razón a las 1.000 familias de la Asociación No Abuso, la factura la pagamos nosotros, los contribuyentes, y no el banco. Es como si tú compraras un coche robado y el Gobierno prometiera pagar la indemnización al dueño original si este aparece. Para rematar el regalo, borraron la obligación de que el banco mantuviera la solvencia, dejándole el camino libre para vender parcelas en Las Tablas Oeste en noviembre de 2026.

Todo esto basado en un informe de la Abogacía del Estado de 2002 que resultó ser un truco de magia: decía una cosa en el contrato y otra muy distinta en el juzgado. Un pelotazo urbanístico blindado por la firma de Pedro Sánchez que ahora tiene a la cúpula de Transportes sudando frío ante la Audiencia Nacional y los reguladores internacionales.

Crítica:

El texto es un despliegue de indignación justificada, aunque se apoya excesivamente en la narrativa de 'el Gobierno contra el pueblo'. Le falta dar más espacio a la respuesta técnica del BBVA para no parecer un panfleto, aunque los datos del contrato son demoledores.

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