Caos en Transportes: una secretaria general de baja y técnicos sin tomar decisiones

Trenes al caos: el Ministerio sin capitán

politica Una ilustración conceptual y satírica de una cabina de control de trenes hipermoderna pero totalmente abandonada. Hay tazas de café vacías, papeles volando y una silla de mando girando sola. Al fondo, a través de un ventanal, se ve una vía de tren que se bifurca hacia el caos, todo en un estilo de arte editorial digital con colores fríos y una iluminación dramática que resalte la soledad y el vacío del poder.

Gestionar la alta velocidad en España se ha convertido en una especie de juego de sillas musicales donde nadie quiere sentarse por miedo a que la silla explote. El Ministerio de Transportes es hoy un desguace administrativo. Tenemos dos accidentes de trenes en menos de diez meses —Adamuz (Córdoba) el 18 de enero de 2026 y Urda (Toledo) el pasado día 28— y la respuesta institucional tiene la solidez de un castillo de naipes en medio de un vendaval.

Mientras el ciudadano paga el billete esperando no terminar en una zanja, el organigrama ministerial parece una oficina de lunes por la mañana después de un puente: no hay nadie al mando. Sara Hernández del Olmo, la secretaria general de Transporte Terrestre nombrada el 2 de septiembre tras el cese de Rocío Báguena, está de baja.

En el lenguaje de la calle, esto significa que el barco no tiene capitán y que las reuniones las preside «el último que pasa por allí». El resultado es un bloqueo total. Los ingenieros y funcionarios, que no son tontos, se niegan a firmar proyectos técnicos. Saben que, en este ecosistema de 'politiqueo', cualquier error se traduce en un 'marrón' que cae sobre el técnico mientras el político se lava las manos.

Óscar Puente, el ministro, se ha limitado a decir el miércoles que él es quien sufre un «calvario», una metáfora conmovedora que hace palidecer el riesgo real de los pasajeros. Pedro Sánchez ya ha admitido que la confianza en el sistema está quebrada, pero mantiene a Puente en el puesto, ignorando que el Partido Popular, Vox y hasta el Frente Amplio piden su cabeza.

El 29 de noviembre habrá elecciones generales, y mientras tanto, el Ministerio sigue operando bajo la premisa de que si nadie firma nada, técnicamente nadie es culpable. Una ingeniería financiera del riesgo donde el coste lo paga el usuario.

Crítica:

El texto original es una mina de oro de negligencias, pero falla al no profundizar en por qué una baja médica paraliza un ministerio entero. Es el retrato perfecto de una administración que ha sustituido la meritocracia por el amiguismo.

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