El Gobierno usó el estado de alarma para anunciar la renovación del AVE en Urda con una empresa que contrató a Koldo y que la UCO registró ayer

AVE, Koldo y el sablazo europeo

politica Una ilustración satírica de un tren de alta velocidad moderno donde los raíles se transforman en billetes de euro que se desvanecen. Al fondo, una oficina gubernamental fría y gris con una puerta abierta por donde escapan monedas. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de corrupción y negligencia.

Hay que tener una cara cínica del tamaño del AVE para anunciar obras ferroviarias el mismo día que encerrabas a todo el país en su casa. El 16 de marzo de 2020, mientras España contaba los pasos desde el sofá, el Gobierno aprovechaba el estado de alarma para lanzar la renovación del tramo de Urda.

Un timing exquisito. El problema es que el Grupo Azvi, protagonista de este despliegue, resultó ser el mismo que puso en nómina a Koldo García Izaguirre. No era un sueldo de becario: 6.000 euros al mes más un bonus del 0,75% por cada obra conseguida. Básicamente, Koldo era el 'abridor de puertas' con esteroides.

Mientras el ciudadano medio veía cómo su cuenta corriente se convertía en un desierto, el Grupo Azvi engullía más de 160 millones de euros en contratos del Ministerio entre 2018 y 2021, bajo la batuta de José Luis Ábalos. La UCO ya ha pasado por sus oficinas, registrando también Adif-Alta Velocidad y Deplan Works, porque el magistrado Ismael Moreno sospecha que aquí hubo una ingeniería financiera digna de premio.

Pero lo verdaderamente macabro es el contraste. La Fiscalía comunitaria ya husmea en los Fondos Europeos (FEDER) tras el accidente de Adamuz, donde 45 personas perdieron la vida por una 'rotura franca' de la vía que nadie vio durante 22 horas. Es la receta perfecta: dinero público europeo, contratos a dedo para amigos con consultorías sospechosas y una infraestructura que, al final, se rompe.

Manuel Contreras Cano dice en el Supremo que no conocía los antecedentes de Koldo. Claro, es como decir que no sabías que el lobo tiene dientes mientras te come el jamón. Ahora la AESF y el Tribunal de Cuentas intentan descifrar si el fraude en la señalización fue el precio de pagar el lujo de algunos.

Crítica:

La noticia es un despliegue de datos, pero falla al no conectar inmediatamente la negligencia técnica del accidente con la posible malversación. Es un festín de hipocresía institucional servido en bandeja.

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