Nos invade un país musulmán y Sánchez se niega a ir a un funeral católico

Sánchez: Menús sin jamón y ausencias católicas

politica Una ilustración satírica y conceptual. En un lado, una mesa de comedor escolar vacía con un cartel de 'prohibido el cerdo'. Al fondo, una silueta borrosa de un político esquivando una catedral gótica mientras camina hacia un palacio magrebí dorado. Estilo de caricatura editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de ironía política.

Hay quien confunde la diplomacia con el liquidismo, y Pedro Sánchez parece haber hecho un máster en esto último. Mientras el ciudadano de a pie pelea con la inflación y mira la cuenta corriente como quien mira una película de terror, en Ceuta se ha montado un despliegue que haría palidecer a cualquier general de carrera.

Metieron a 100.000 personas en una ciudad de 80.000 habitantes en apenas dos días; una logística envidiable si lo que buscas es colapsar un municipio. Lo más curioso es que, según la juez Tardón, el mando no estaba en Madrid, sino que oficiales marroquíes plenamente identificados dirigían el cotarro, mientras el Gobierno retiraba policías y militares como quien quita los muebles antes de entregar las llaves de un piso alquilado. Pero el verdadero 'sablazo' moral llega con el funeral de las víctimas de Urda.

Sánchez, el hombre que se siente cómodo en el solsticio de invierno pero le pone alergia al incienso, decidió que un funeral católico no era lugar para él. Mandó a las ministras Rodríguez y a la llamada 'Pili Juerga' (la ministra de Educación) a hacer el trámite, como quien envía a un becario a recoger un paquete.

Es una ironía deliciosa: el mismo presidente que le pide favores al Papa para asegurar votos, se siente indignado ante un rito de 2.000 años, pero no tiene problema en felicitar el Ramadán o en prohibir el jamón en los menús escolares de Ceuta y Melilla para no molestar al Sultán. Al final, la aritmética es sencilla.

Entre la sumisión a Rabat y el desprecio por las tradiciones propias, Sánchez ha convertido la gestión del Estado en una especie de saldo de liquidación. Prohibir el cerdo en las escuelas para halagar al Comendador de los Creyentes es, básicamente, entregar la cocina entera para que no nos echen la casa.

Crítica:

El texto original es un panfleto visceral que confunde la crónica con el insulto personal. Carece de equilibrio periodístico, aunque acierta en señalar la contradicción ideológica del ejecutivo.

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