Crítica:
La noticia es un despliegue de absurdo donde el deporte es solo la excusa. Sorprende que una figura pública tenga el desplante de usar tropos racistas en pleno 2026 sin que el artículo cuestione la impunidad institucional en Paraguay.
La noticia es un despliegue de absurdo donde el deporte es solo la excusa. Sorprende que una figura pública tenga el desplante de usar tropos racistas en pleno 2026 sin que el artículo cuestione la impunidad institucional en Paraguay.
Hay quien dice que el dinero no compra la felicidad, pero Yang Youlin intentó comprarse el catálogo completo de la vida. Durante tres décadas, entre 1993 y 2023, este ex alto cargo del comité gestor de la Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Nanjing convirtió la administración pública en su propio cajero automático personal. No se quedó en el pequeño 'estímulo' bajo cuerda; hablamos de 2.214 millones de yuanes, que traducidos al idioma de los mortales son unos 308,7 millones de dólares. Para que nos entendamos: mientras el ciudadano medio pelea con la hipoteca, Yang gestionaba una fortuna que haría palidecer a cualquier fondo de inversión, moviéndose entre el urbanismo, la construcción y el turismo de Jiangsu como quien elige el menú del día. El Tribunal Popular Intermedio de Changzhou no ha tenido mucha poesía al dictar sentencia este lunes. Yang ha sido sentenciado a la pena de muerte, la privación de derechos políticos de por vida y la confiscación de hasta el último céntimo de sus bienes. El catálogo de delitos parece el índice de un manual de ingeniería financiera delictiva: soborno, malversación, apropiación indebida de fondos públicos, abuso de poder y blanqueo de capitales. El tribunal lo calificó de 'especialmente enorme', un eufemismo elegante para decir que el agujero contable era un cráter. Lo más irónico es que Yang intentó jugar la carta del 'soplón', aportando datos sobre otros colegas corruptos para salvar el cuello. Pero en la China de Xi Jinping, que desde 2012 lleva una campaña de limpieza que no deja títere con cabeza, la cooperación no fue suficiente para evitar el patíbulo. El Tesoro estatal recuperará lo que pueda, mientras el resto sigue siendo una deuda que Yang ya no podrá pagar con su tarjeta de crédito.
En la alta esfera del poder, parece que el árbol genealógico es la mejor herramienta de inversión. Mientras el ciudadano medio se pelea con el calendario de la renta, en los pasillos del Ministerio de Hacienda se gestionaba la venta de María de Molina 50 —la joya de la corona inmobiliaria madrileña— con una lógica digna de un bazar clandestino. Un empresario, que prefiere el anonimato para que no le cierren el chiringuito profesional, ha soltado la bomba: en 2021, para avanzar con la compra, le exigieron un 'peaje' del 3% destinado a un supuesto primo de María Jesús Montero. No era una sugerencia, era el precio de entrada al club. El intermediario y su socio se quedaron mirando el techo, preguntándose quién era ese primo invisible que, sin mover un dedo ni captar un solo cliente, pretendía llevarse un porcentaje que haría palidecer a cualquier gestor de fondos. Para que el negocio cuadrara, el comprador tendría que haber soltado un 6% total: un 3% para los profesionales que sí trabajaban y un 3% para el 'pariente' del poder. Un sablazo tan descarado que los inversores decidieron que era mejor pasar de largo que alimentar el árbol genealógico de la ministra. La operación, que empezó en 2019 con un precio de salida de 196 millones de euros y terminó en un desierto absoluto, acabó resolviéndose a mediados de 2023. Tras bajar el precio al umbral de los 156 millones, el Grupo Lar (via Barnaby Investment) y BlackRock se lanzaron al ruedo, cerrando la compra en 2024 por 204,7 millones de euros. El edificio ahora se transforma en 153 viviendas de lujo y una residencia de 400 camas. Al final, el 'primo' no apareció en la escritura, pero el aroma a ingeniería financiera familiar sigue flotando en el aire de Madrid.
Óscar Puente ha presentado el nuevo mapa concesional del autobús y, sinceramente, es un ejercicio de equilibrismo donde el único que pierde el equilibrio es el bolsillo del pasajero. La joya de la corona es una paradoja digna de estudio: viajar de Madrid a Badajoz seguirá siendo más caro que irse hasta Lisboa. Sí, Portugal. Resulta que cruzar la frontera es más barato que moverse por casa, simplemente porque los trayectos internacionales juegan con la competencia, mientras que los nacionales son un club privado donde Alsa y Avanza se reparten el 75% del pastel. El Ministerio nos vende un diseño de 34 corredores y suelta más de 70 millones de euros en subvenciones para diez de ellos, pero es como ponerle un parche de marca a un pantalón deshilachado. Mientras la media nacional debería bajar a 0,06715 euros por kilómetro, hay rutas que se ríen de la aritmética. Si quieres ir de Madrid a Toledo o de Teruel a Barcelona, prepárate para un sablazo del 41,5% por encima de esa media. El trayecto Madrid-Toledo-Badajoz se queda un 30,2% más caro que el promedio. Comparado con el resto de Europa, España es el 'estropajo' del transporte: Alemania es un 19,9% más barata y Portugal, la gran bofetada de realidad, tiene tarifas un 81,5% inferiores a las nuestras. El movimiento #ViajaMásEnAutobús lo ha dejado claro: es una oportunidad perdida. Hemos añadido complejidad burocrática y gasto público, pero el precio del billete sigue pareciendo el de un viaje en jet privado. Para rematar el cuadro, la falta de transparencia en los contratos y el fantasma de los litigios judiciales, como el del corredor Bilbao-Castro Urdiales, prometen que este mapa será más un campo de batalla legal que una solución de movilidad.
En el tablero del poder madrileño, el Gobierno de Pedro Sánchez ha intentado jugar una partida de ajedrez donde el CNI es la reina y el Cifas un simple peón. La idea era sencilla: un 'acuerdo marco de colaboración' que debía firmarse antes del 1 de julio. Suena a lenguaje burocrático aburrido, pero en la calle esto se traduce como querer las llaves del coche del vecino sin darle el mando a cambio. El Cifas, el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas, ha mirado el borrador y ha sentido el frío de una 'tomadura de pelo'. La jugada es descarada. El CNI quiere acceso libre a los medios e información militar, básicamente entrar en la despensa ajena y llevarse lo que quiera sin dar explicaciones. Para la inteligencia militar, esto no es cooperación, es una 'fagocitación' en toda regla; es pasar de ser un jugador profesional a quedar en 'segunda división'. Mientras el mundo real arde y Europa se reúne en Alemania, Polonia y Ucrania de militar a militar, el plan es que los civiles del CNI se conviertan en los únicos interlocutores, dejando a los uniformados como simples secretarios de lujo. El trasfondo es el miedo clásico al 'seguro de vida' político. Los militares sospechan que Sánchez quiere insertar sus propios 'peones' en el Ejército para colonizar la institución antes de que unas posibles elecciones generales lo desalojen de La Moncloa. Hay una fractura interna: el jefe del Cifas quiere el apretón de manos, pero la base y el Jemad se niegan a 'pasar por el aro'. Al final, mientras la Directiva de Seguridad Nacional sugiere un modelo equilibrado como el de EE. UU. o Italia, aquí preferimos el modelo del 'acapara-todo', donde un solo servicio quiere el 60% del pastel, incluyendo la seguridad interior y la inteligencia de señales, dejando al resto bajo la bota.
En el mundo de la política, hay silencios que gritan y fotos que funcionan como granadas de fragmentación. Santos Cerdán, el antiguo número tres del PSOE, ha decidido jugar al ajedrez con su libro 'La caída'. Pero no es un libro de memorias, es un catálogo de 'recuerdos selectivos'. El plato fuerte: un par de fotografías con Gustavo Petro y otra con Mario Delgado Carrillo, del partido Morena. Lo curioso es que en el texto no se menciona ni una palabra sobre ellos. Es como si te dejaras una factura sin pagar sobre la mesa del comedor; no hace falta que digas 'me debes dinero', el papel habla solo. La escena nos remonta a enero de 2022. Mientras el ciudadano medio contaba los céntimos para llenar el carrito, en Ferraz se firmaba un 'acuerdo de fraternidad' con Colombia Humana. Pedro Sánchez posaba para la foto, pero quien puso la firma —la que realmente compromete el cheque— fue Cerdán. El objetivo era claro: Petro necesitaba gasolina económica para su campaña y Sánchez quería la silla de presidente de la Internacional Socialista, cargo que alcanzó en noviembre de ese año. Una transacción de manual: yo te ayudo con el presupuesto, tú me ayudas con el currículum internacional. Ahora, Ferraz está en modo pánico. El libro circula por WhatsApp (porque en el partido son muy solidarios y prefieren no gastar en la librería), y los cuadros sociales sospechan que Cerdán está enviando un mensaje cifrado sobre la ingeniería financiera del Grupo de Puebla y el Foro de São Paulo. No olvidemos que el fantasma de Víctor de Aldama sigue rondando, sugiriendo que el PSOE usó cupos de petróleo venezolano de PDVSA para alimentar la Internacional Socialista. Cerdán no ha escrito una biografía; ha dejado caer un rastro de migas de pan que conducen directamente al cajón de los secretos sucios.
Hay quien dice que la familia es lo primero, pero en los pasillos del Ministerio de Hacienda parece que la familia es, sobre todo, un negocio redondo. Resulta que en 2021, mientras el ciudadano de a pie peleaba con la declaración de la renta, un representante de Hacienda intentó colar un 'peaje' en la venta del edificio de la calle María de Molina, 50. No era un trámite burocrático más, sino una solicitud directa: un 3% de comisión para un supuesto «primo» de María Jesús Montero. Traducido al lenguaje de la calle, no hablaban de una propina, sino de un sablazo de 4,7 millones de euros sobre una operación valorada en 155 millones. Una cifra que haría palidecer a cualquier currante que ve cómo su nómina se evapora en la primera semana del mes. La jugada fue tan descarada que hasta los intermediarios, acostumbrados al juego de las comisiones, se quedaron a cuadros. El testigo relata que el representante fue inflexible: ese 3% tenía que pasar por el bolsillo del pariente carnal o testaferro, sumándose al 3% real de la gestión. Pagar un 6% de comisión por un inmueble que en aquel entonces se caía a pedazos era, sencillamente, un suicidio financiero. Los empresarios pasaron de largo, prefiriendo el camino limpio a alimentar el banquete de un 'primo' invisible. Al final, el Estado hizo su magia. Tras fracasar en subastas de 196 y 185 millones, bajaron el precio a 156 millones y flexibilizaron los pagos. El resultado fue un festín inmobiliario en septiembre de 2023, donde el Grupo Lar se llevó el gato al agua con una puja de 204.700.013 euros. Ahora, con el músculo de BlackRock, el Banco Santander y la socimi Inbest, el edificio se transforma en la Torre Castelló: 150 pisos de superlujo y 400 camas estudiantiles. Una inversión de 400 millones que demuestra que, en Madrid, el hormigón siempre es el mejor refugio, especialmente si sabes a qué 'primo' hay que saludar.
El muro de Trump es, básicamente, el gran monumento al optimismo ingenuo. Mientras la Casa Blanca se llena la boca presumiendo de que las entradas irregulares terrestres han caído un 90% en el último año fiscal, los cárteles han decidido que, si no pueden pasar por encima, pasarán por debajo. Es la eterna danza del gato y el ratón, pero con el ratón excavando infraestructuras que harían palidecer a cualquier ingeniero de obra pública. Desde 1990, las autoridades han detectado más de 230 túneles. No son simples agujeros de castor; hablamos de ingeniería financiera aplicada al contrabando. En Nogales, Arizona, la situación es tan surrealista que la ciudad se ha coronado como la 'capital de los túneles', concentrando más de 125 de estos pasadizos. Algunos usan el alcantarillado como si fuera una cinta transportadora de Amazon, enviando narcóticos en tubos hacia el norte mientras los agentes miran la superficie. Luego están los 'supertúneles'. En 2020, entre Tijuana y San Diego, apareció una joya de 1,2 kilómetros de longitud con raíles, electricidad de alta tensión y hasta ascensor. Un lujo que hace que el metro de cualquier ciudad europea parezca un camino de cabras. Mientras el capitán Tucker celebra que en la bahía de San Diego los intentos de entrada bajaron de 7.500 a 1.000 mensuales gracias a la operación Border Trident, el subsuelo sigue siendo el territorio libre de impuestos y vigilancia. La paradoja es deliciosa: el Gobierno gasta millones en blindar 3.140 kilómetros de superficie, pero la DEA, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional admiten que suelen llegar cuando la obra ya está terminada. Es como intentar tapar una gotera con un paraguas mientras el vecino te está cavando un sótano debajo del salón.
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