Crítica:
El texto original es una crónica de contrastes que expone la brecha entre el anuncio político y la ejecución técnica. Le falta profundidad en los detalles del tratado, pero acierta al dar voz al trabajador que sufre el caos.
El texto original es una crónica de contrastes que expone la brecha entre el anuncio político y la ejecución técnica. Le falta profundidad en los detalles del tratado, pero acierta al dar voz al trabajador que sufre el caos.
Hay amistades que valen oro y otras que cuestan mil millones de euros. Juan Manuel Serrano, el 'fontanero' de confianza de Pedro Sánchez y antiguo jefe de gabinete desde 2014, es la prueba viviente de que en la alta política la meritocracia es un cuento para niños. A Serrano no le dieron un ministerio porque, probablemente, el lenguaje técnico le resultaba tan ajeno como el inglés, así que el presidente decidió 'desagraviarlo' lanzándolo al timón de Correos entre 2018 y 2023. El trato era sencillo: un sueldo de ensueño a cambio de gestionar el chiringuito y hacer algunos 'favorcillos' por debajo de la mesa. Mientras el ciudadano medio pelea con la tarifa de la luz, Serrano convirtió a Correos en un agujero negro financiero, acumulando pérdidas de más de 1.000 millones de euros. Lo más surrealista es que, en plena fiebre del e-commerce, el hombre que debía atraer a los gigantes no hablaba el idioma de los negocios. Cuando el jefe de Europa de Amazon aterrizaba en España, Serrano ni se asomaba; mandaba a un subdirector para que tradujera, mientras el ejecutivo de Jeff Bezos se preguntaba en qué país estaba. Para rematar la faena, intentó combatir al coloso estadounidense con 'Correos Market', una ocurrencia con aroma a mercadillo de pueblo que fracasó estrepitosamente. La gestión fue un festival de la improvisación: enchufó a Leire Díez en el departamento de sellos (sin saber de filatelia, claro) y contrató a 10.000 personas extra para las elecciones del 23 de julio de 2023, inflando una plantilla de casi 50.000 empleados que Pedro Saura ha tenido que purgar mediante prejubilaciones. Tras cobrar, junto a Leire, unos 1,2 millones de euros por este desastre, Serrano no fue a la calle, sino a la SEITT y luego a Arcamo Controls. Ahora, el juez Pedraz y la UCO han desenterrado 9.355 mensajes de WhatsApp que podrían poner fin a su gira de cargos públicos. Al menos, para declarar ante la Audiencia Nacional, no necesitará traductor.
Hay quien guarda los tickets del súper durante tres años por si hay que devolver un yogur caducado, y luego está José Luis Rodríguez Zapatero, que ha preferido mantener un 'silencio administrativo' de casi dos décadas sobre un tesoro de 1,3 millones de euros. La UDEF abrió la caja fuerte de su despacho el pasado 19 de mayo y, en lugar de encontrar papeles aburridos, se topó con un catálogo de joyería árabe metido en bolsas de basura. Collares con piedras azules, granates y verdes, brazaletes dorados y relojes que parecen sacados de una película de espías. Todo un despliegue de lujo que, según el exmandatario, fue un detalle del rey Abdalá bin Abdulaziz en 2007. Aquí es donde la historia empieza a oler a naftalina. Zapatero espera que unos papeles de la diplomacia saudí, que deberían llegar en agosto, limpien su imagen ante el juez Ismael Moreno. El problema es que, en el protocolo de los regalos reales, no se entrega un millón de euros en alhajas sin un certificado de autenticidad o una caja oficial; es como comprar un Ferrari y que te lo den envuelto en papel de periódico. Además, la costumbre árabe dicta que los regalos gordos se dan al anfitrión que visita el país, no al revés. Otros como Miguel Sebastián, Barack Obama o David Cameron sí declararon sus joyas tras visitar el desierto; Zapatero, en cambio, solo anotó un reloj de sobremesa con esmeraldas. Ahora la esperanza del socialista recae en un intérprete de árabe, un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores con 38 años de experiencia que estuvo en todas las citas clave entre 2007 y 2009. Este profesional, que ya trabajó para Trinidad Jiménez y Felipe González, es la única persona capaz de confirmar si el rey saudí realmente le entregó ese botín o si estamos ante una creativa pieza de ingeniería financiera para evitar que el juez Calama le pida explicaciones sobre el rescate a Plus Ultra.
La aritmética del poder tiene una lógica fascinante: si te falta dinero para pagar las nóminas de los tuyos, le quitas la merienda a los alumnos. Así de simple. El Consejo de Ministros ha ejecutado un movimiento de prestidigitación financiera digno de un casino, trasladando 309.840.377,20 euros desde el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes hacia la cartera de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. ¿El motivo? Que en Presidencia se quedaron cortos con la hucha para los 'gastos de personal'. Traducido al idioma de la calle: el Gobierno ha decidido que es más urgente pagar complementos de productividad, nuevas incorporaciones y cotizaciones sociales de sus asesores y funcionarios de confianza que mantener la inversión en las aulas. Es el equivalente a decir que vas a reformar la cocina de tu casa (la educación) mientras te gastas el presupuesto de la obra en comprarte un coche nuevo para el chófer porque 'la dotación inicial era insuficiente'. Lo más exquisito de esta comedia es la memoria selectiva del Ejecutivo. Mientras Pilar Alegría se lucía presumiendo de un presupuesto récord que supuestamente había crecido un 104,5 % desde 2018, y Pedro Sánchez vendía la 'mayor inversión educativa de la historia' como el pilar de su gestión, la realidad es que el dinero fluye hacia donde el poder se siente más cómodo. Las becas y la Formación Profesional son el escaparate; los 309 millones que desaparecen del presupuesto educativo para alimentar la maquinaria administrativa de Presidencia son la letra pequeña. Al final, la prioridad no es el libro de texto, sino que la nómina del despacho central llegue impecable y sin retrasos.
La aritmética del poder tiene un sentido del humor muy negro. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se llena la boca hablando de la educación pública como el pilar de la nación, el Consejo de Ministros ha decidido que los libros y las aulas pueden esperar, pero las nóminas de los jefes no. El martes pasado, con la frialdad de quien tacha un ticket del supermercado, el Ejecutivo autorizó una transferencia de 309.840.377,20 euros. ¿El camino? Del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes directamente al bolsillo del Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Traduzcamos esto al idioma de la calle: es como si una familia decidiera quitarle el dinero de la matrícula y los libros al hijo pequeño para poder pagar el catering y el chófer del padre. El departamento de Félix Bolaños tiene un hambre insaciable de fondos; el 73% de sus gastos ordinarios se va en el Capítulo 1, ese agujero negro donde viven las cotizaciones, los trienios y los complementos del personal. Como están en plena prórroga de los Presupuestos Generales del Estado y no saben cómo cuadrar las cuentas, han decidido que la educación es la hucha más cómoda para sacar el efectivo. Lo más cínico es que no han dicho qué se queda sin financiar. ¿Becas? ¿Digitalización? ¿Refuerzo escolar? No importa. Lo que importa es que la maquinaria administrativa de La Moncloa no se detenga. Mientras el ciudadano intenta combatir la inflación con malabarismos, el Gobierno hace ingeniería financiera para que los asesores y altos cargos sigan cobrando sin despeinarse, sacrificando 310 millones de euros de la formación del futuro para sostener la burocracia del presente. Una jugada maestra de coherencia inversa.
En la guerra de egos entre Sol y Moncloa, el protocolo ha pasado a ser la última prioridad, sustituido por una especie de patio de colegio donde los adultos se lanzan juguetes. Esta vez, el Ministerio del Interior intentó jugar al 'tú no vienes a mi fiesta', enviando instrucciones directas para que los altos mandos de seguridad pasaran del Dos de Mayo. Querían un vacío institucional en la Real Casa de Correos que gritara 'boicot' a los cuatro vientos, siguiendo la estela del 2025, cuando Moncloa decidió que el desfile militar era demasiado 'estético' para sus gustos y lo vetó por primera vez desde la autonomía de Madrid. Pero aquí llega el giro: Fernando Mora, general de división de la Guardia Civil, y Javier Galván, jefe superior de Policía de Madrid, decidieron que el sentido común pesa más que un correo electrónico con órdenes incómodas. Ambos aparecieron firmes durante el himno, plantados en primera fila junto a quienes se dejaron la piel en la DANA de Valencia. Para Mora y Galván, aceptar el veto no era seguir órdenes, sino comprar un billete solo para el espectáculo de la deslealtad institucional. Mientras Interior intentaba hacer un recorte de presupuesto en la presencia oficial, estos mandos prefirieron no ser el peón de una partida de ajedrez donde Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso se pelean por quién tiene la corona más brillante. El resultado es una comedia de errores donde Francisco Martín Aguirre, el delegado del Gobierno, acabó siendo el único representante de Moncloa antes de ser vetado también en 2026 por sus 'estallidos' con la presidenta madrileña. Al final, la orden de Interior quedó como un intento fallido de ingeniería política: un sablazo a la institucionalidad que terminó en un desplante público para el Gobierno central.
En el teatro de la Audiencia Nacional, la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, ha intentado venderle al juez Santiago Pedraz una trama de ingenuidad digna de un guion de comedia. Resulta que González, imputada el 2 de julio por obstrucción a la justicia y prevaricación administrativa, sostiene que se reunió con Leire Díez porque la exmilitante socialista se presentó como una 'periodista freelance'. Sí, así de sencillo. En el mundo real, si alguien te ofrece un puesto de asesor a cambio de 'purgar' un cuerpo policial, no es una entrevista periodística, es un contrato de demolición. La UCO, que no tiene la costumbre de inventar calendarios, ha dejado constancia de tres citas: el 30 de septiembre de 2024, el 20 de diciembre de 2024 y el 2 de abril de 2025. González, sin embargo, solo admite dos 'encuentros', describiendo el primero como un 'regalo de la vida'. Un regalo curioso, considerando que la trama, bautizada como 'caso cloacas', buscaba desestabilizar causas judiciales incómodas para el Gobierno. La ironía alcanza su punto máximo cuando González se define como 'víctima', alegando que si Díez hubiera mencionado a Santos Cerdán, el exnúmero 3 del PSOE, la cosa habría sido distinta. Mientras tanto, el comandante Rubén Villalba, imputado en el 'caso Koldo', ha sido el testigo incómodo que desmiente la fantasía del periodismo freelance. Para rematar el cuadro, la cúpula policial se tomó la molestia de amonestar verbalmente al agente que se atrevió a incluir correos entre David Sánchez y Begoña Gómez en un informe. Básicamente, han intentado limpiar la alfombra mientras el polvo se les colaba por las comisuras de los labios.
Imaginen que su jefe decide poner un cartel en la puerta de casa diciendo que usted es un vago porque se tomó la tarde libre para enterrar a su abuelo. Suena a pesadilla, ¿verdad? Pues la CEOE ha decidido que las marquesinas de Cantabria son el lugar ideal para hacer exactamente eso, pero con un envoltorio corporativo. Bajo el mantra de que 'evitar las consecuencias del absentismo es responsabilidad de todos', la patronal ha montado un despliegue publicitario que huele a desesperación por echarle la culpa al empleado de que la empresa no sepa organizar un calendario. El ruido empezó con un representante de la CEOE en Castilla-La Mancha y alcanzó el clímax cuando Feijóo, con la sutileza de un mazo, calificó el absentismo de 'cáncer'. Ahora, CCOO ha saltado a la palestra este jueves, calificando la campaña de 'grosera e insultante'. Mariano Sanz, secretario confederal de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO, ha dejado claro que mezclar una baja por maternidad, un permiso por fallecimiento o una formación con el concepto de 'absentismo' es como decir que ir al médico es lo mismo que quedarse durmiendo hasta las doce un lunes. La hipocresía es deliciosa: mientras la patronal llora por los costes económicos, ignora que el mal funcionamiento de los servicios no es porque el trabajador 'se haya bajado el lunes', sino porque las plantillas están más recortadas que un presupuesto de ayuntamiento en crisis. CCOO no solo pide la retirada inmediata de los carteles, sino que amenaza con acciones judiciales. Al final, el debate no es sobre quién falta, sino sobre quién crea las condiciones para que el trabajador termine en la enfermería mientras la empresa cuenta los céntimos en una hoja de Excel.
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