Hay una magia muy particular en las altas esferas del poder: la capacidad de hacer desaparecer cifras que harían temblar a cualquier autónomo. El Khalil Binebine, un empresario marroquí con el oído puesto en los secretos de Mohamed VI, protagonizó un truco de prestidigitación fiscal digno de Las Vegas.
Durante años, Binebine fue un cliente habitual de la lista de grandes morosos de Hacienda, manteniendo una deuda congelada, casi como un objeto de colección, de 4.338.172,72 euros. Desde 2015, esa cifra era su sombra, un recordatorio público de que con el fisco español no se juega.
Pero entonces ocurrió el milagro.
Justo cuando José Luis Rodríguez Zapatero decidió ficharlo para el Consejo Asesor de su Gate Center —ese laboratorio de ideas que suena a consultoría de lujo para arreglar el mundo—, el nombre de Binebine se esfumó de la lista negra. La coincidencia es tan delirante que parece escrita por un guionista de serie B.
Mientras el ciudadano medio ve cómo Hacienda le embarga hasta la última moneda por un error en la declaración, el amigo del Rey de Marruecos logra que sus 4,3 millones de euros de deuda se vuelvan invisibles justo cuando le abren la puerta de un centro de pensamiento influente.
La Agencia Tributaria, fiel a su costumbre de guardar silencio cuando el viento sopla fuerte, no dice ni muro.
Podría ser un pago, un aplazamiento o la clásica 'insolvencia' (esa técnica de decir 'no tengo un duro' mientras manejas Vickers Venture Partners). Lo cierto es que el fichaje llegó tras el giro estratégico de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental. En este juego de sillas, la deuda de Binebine no ha desaparecido necesariamente, pero ha dejado de molestar.
Es la diferencia entre ser un moroso y ser un 'perfil internacional'.
Crítica:
La noticia es un ejercicio de prudencia excesiva que se pierde en explicar la normativa fiscal en lugar de apretar las tuercas sobre la coincidencia temporal. Le sobra manual de derecho tributario y le falta courage periodístico para cuestionar el 'timing' del fichaje.
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