Lo que Sánchez llama «red de refugios climáticos» no es más que la sede de los ministerios, de CCOO y vario...

Sánchez vende aire acondicionado ministerial como refugio

politica Una ilustración satírica de un edificio gubernamental imponente y frío, con un cartel pequeño y precario que dice 'Refugio Climático'. En la puerta hay un reloj marcando las 14:00 y un candado gigante, mientras afuera se ve un sol abrasador y una fila de personas sudando. Estilo editorial de revista política, colores contrastados entre el azul gélido del interior y el naranja ardiente del exterior.

Pedro Sánchez ha decidido combatir el calentamiento global con una genialidad administrativa: llamar 'refugios climáticos' a los despachos donde sus ministros ya se refrescan mientras firman decretos. El anuncio llega con una inversión de 10 millones de euros, una cifra que suena a presupuesto de ciencia ficción pero que, en la práctica, se traduce en abrir la puerta de casa a quien pasa calor, siempre y cuando el visitante no quiera quedarse más allá de las dos de la tarde.

En Madrid, la aritmética del éxito es desternillante. De los 23 refugios señalados, 18 son dependientes del Gobierno o sus ministerios. Básicamente, nos están invitando a entrar en Trabajo, Sanidad, Educación, Inclusión, Transportes, Industria y Turismo, Defensa o Transición Ecológica.

Es como si tu vecino te dejara entrar en su salón para no morir de calor, pero solo mientras él está allí y cerrando la puerta exactamente cuando el sol empieza a castigar el asfalto. Para completar el cuadro, han sumado las sedes de CCOO y UGT (incluida la escuela Julián Besteiro), y algunos museos como el Arqueológico Nacional, el del Traje y el Archivo Histórico Nacional.

El problema es que estos 'oasis' funcionan con el horario de oficina: cierran sobre las 14:00 horas. Mientras el ciudadano se asa en la calle, el refugio oficial echa el cierre. La paradoja alcanzó su punto máximo cuando Sánchez admitió que es fácil restar importancia al calor desde el privilegio del aire acondicionado.

Lo dijo, precisamente, desde un ministerio climatizado que ahora es, oficialmente, un refugio. Un despliegue de generosidad que hace que el Círculo de Bellas Artes o las bibliotecas municipales, abiertas hasta las 20:00 o 21:00, parezcan instituciones revolucionarias frente a la ingeniería financiera del Gobierno, que ha logrado gastar millones en presentarnos la puerta de sus propios despachos.

Crítica:

El texto original es una bofetada de realidad necesaria. Solo falla en no preguntar exactamente en qué se van a gastar los 10 millones si los edificios ya existen y tienen aire.

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