Cambian al fiscal de la invasión de Ceuta y asume la causa uno más afín al Gobierno

Ceuta: Cambian al fiscal por uno 'dócil'

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde una mano invisible en traje mueve una pieza de fiscal (representada por un maletín con una balanza) para sustituir a otra que tiene un megáfono. Al fondo, una frontera difuminada y sombras de personas. Estilo editorial de periódico, colores sobrios, atmósfera de intriga política.

En el tablero del poder, hay jugadas que son tan sutiles que resultan insultantes. El caso de la entrada masiva en Ceuta del 30 de julio es el ejemplo perfecto. Hasta ahora, el fiscal José Perals llevaba el timón y no tenía miedo de navegar hacia aguas profundas: quería que la Audiencia Nacional investigara si aquello fue una operación organizada desde Marruecos, con personas vulnerables usadas como carne de cañón y un saldo trágico de ahogados.

Perals es de los que no se callan; el mismo que fue a degüello en el caso Alsasua o contra los raperos de La Insurgencia. Un perfil combativo que, convenientemente, ha dejado de ser útil. De repente, la Fiscalía decide que el asunto tiene una «singularidad y trascendencia» tales que el jefe, Jesús Alonso, debe asumir personalmente las diligencias.

Traducido al lenguaje de la calle: cuando el coche va hacia donde no conviene, el jefe quita el volante al conductor y decide él mismo la ruta. Es el clásico movimiento de 'limpieza de archivos' para evitar que la jueza María Tardón y la denuncia de Iustitia Europa terminen destapando delitos contra la seguridad del Estado. Jesús Alonso es un maestro de la supervivencia institucional.

Nombrado en 2017 bajo Rajoy y renovado en marzo de 2022 por Dolores Delgado, ha sabido bailar al son de cualquier música. Mientras Perals buscaba la verdad, Alonso ha recolectado medallas, como la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil concedida por Grande-Marlaska.

Ya lo hizo con el caso de Miguel Ángel Blanco, donde obligó al fiscal Vicente González Mota a aceptar que la causa había prescrito. Ahora, el guion se repite. Cambian el perro guardián por uno que sabe exactamente cuándo sentarse y cuándo callar, asegurando que el 'ruido' político no moleste el sueño del Ejecutivo.

Crítica:

El texto original es una pieza de relojería sobre el clientelismo judicial, aunque peca de exceso de currículum. La noticia es clara: el relevo no es técnico, es un blindaje político.

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