Hay quien dice que el sentido común es un don, pero en el Gobierno parece que es un artículo de lujo que no pueden permitirse. La última genialidad consiste en instalar campos de inmigrantes en Ceuta siguiendo una lógica digna de un juego de mesa: pongamos a miles de personas, algunas con el currículum manchado de yihadismo y otras que podrían ser agentes de inteligencia marroquíes, justo al lado de donde guardamos los fuegos artificiales más potentes del Estado.
El plan maestro ubica a la gente en la 'explanada del Guano' (propiedad del Ministerio de Transición Ecológica) y en la zona de la 'Hípica'. Lo divertido es que, a tan solo 150 metros de esta última, el Ejército de Tierra tiene 16 búnkeres llenos de armamento y explosivos.
Es como dejar las llaves del coche puestas y abrir la puerta del garaje en un barrio conflictivo, esperando que nadie note el olor a gasolina.
Desde el Ejecutivo nos venden la moto alegando que la videovigilancia y la presencia del Regimiento de Ingenieros N.º 7 (RING7) y el Batallón del Cuartel General de Melilla darán 'seguridad'.
Claro, porque nada dice 'estamos tranquilos' como tener un polvorín a un tiro de piedra de una masa donde el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (Cenif) ya avisó de la presencia de agentes marroquíes no uniformados dando órdenes.
Mientras el ciudadano de a pie se pelea con la factura de la luz, aquí jugamos al Tetris con la seguridad nacional.
Ya hemos visto que el uniforme no asusta a quien viene en masa —como demostró la emboscada a cuatro militares en agosto—, pero parece que al Gobierno le gusta vivir al límite, convirtiendo la zona del Centro Ecuestre de Ceuta en un experimento de tensión geopolítica que ningún mando militar firma sin sudar frío.
Crítica:
El texto original es un despliegue de alarmismo basado en fuentes anónimas, aunque la geografía del riesgo es indiscutible. Le falta contrastar la versión oficial del Ministerio de Defensa para no ser un simple megáfono de las quejas militares.
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