Crítica:
La noticia es un ejercicio de indignación política que mezcla datos reales con adjetivos incendiarios. Le falta rigor al no contrastar la supuesta 'dejación de funciones' con fuentes oficiales del Ministerio.
La noticia es un ejercicio de indignación política que mezcla datos reales con adjetivos incendiarios. Le falta rigor al no contrastar la supuesta 'dejación de funciones' con fuentes oficiales del Ministerio.
Hay quien dice que el sentido común es un don, pero en el Gobierno parece que es un artículo de lujo que no pueden permitirse. La última genialidad consiste en instalar campos de inmigrantes en Ceuta siguiendo una lógica digna de un juego de mesa: pongamos a miles de personas, algunas con el currículum manchado de yihadismo y otras que podrían ser agentes de inteligencia marroquíes, justo al lado de donde guardamos los fuegos artificiales más potentes del Estado. El plan maestro ubica a la gente en la 'explanada del Guano' (propiedad del Ministerio de Transición Ecológica) y en la zona de la 'Hípica'. Lo divertido es que, a tan solo 150 metros de esta última, el Ejército de Tierra tiene 16 búnkeres llenos de armamento y explosivos. Es como dejar las llaves del coche puestas y abrir la puerta del garaje en un barrio conflictivo, esperando que nadie note el olor a gasolina. Desde el Ejecutivo nos venden la moto alegando que la videovigilancia y la presencia del Regimiento de Ingenieros N.º 7 (RING7) y el Batallón del Cuartel General de Melilla darán 'seguridad'. Claro, porque nada dice 'estamos tranquilos' como tener un polvorín a un tiro de piedra de una masa donde el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (Cenif) ya avisó de la presencia de agentes marroquíes no uniformados dando órdenes. Mientras el ciudadano de a pie se pelea con la factura de la luz, aquí jugamos al Tetris con la seguridad nacional. Ya hemos visto que el uniforme no asusta a quien viene en masa —como demostró la emboscada a cuatro militares en agosto—, pero parece que al Gobierno le gusta vivir al límite, convirtiendo la zona del Centro Ecuestre de Ceuta en un experimento de tensión geopolítica que ningún mando militar firma sin sudar frío.
En el tablero del Gobierno, las piezas se mueven con una lógica que solo entienden ellos, probablemente en una sesión de terapia grupal. El martes pasado, el Ejecutivo decidió que la mejor persona para pilotar Casa 47 —la empresa pública de vivienda— no era un arquitecto, ni un experto en urbanismo, ni alguien que supiera distinguir un plano de planta de una servilleta. No. Han nombrado a Maribel Ramos Vergeles. Sí, la psicóloga experta en género. Para quienes luchamos cada mes contra un alquiler que se come la mitad del sueldo, el nombramiento suena a chiste de mal gusto. Mientras el ciudadano medio hace malabarismos con la tarjeta para llegar al día 20, el Ministerio de Vivienda de Isabel Rodríguez nos vende que poner a una especialista en Intervención Social y Género al mando es la clave para «consolidar la vivienda pública». Es como contratar a un experto en nutrición para que arregle el motor de un tractor: muy noble la intención, pero el tractor sigue sin arrancar. El currículum de Ramos Vergeles es impecable, pero en el carril equivocado. Licenciada por la Universidad de Salamanca y con un máster en Políticas Públicas e Igualdad de Género por la Universidad Rey Juan Carlos, ha pasado por el Instituto de la Mujer y la Junta de Extremadura entre 2009 y 2011. Ha estudiado en el IESE y Esade, lugares donde se aprende a gestionar el éxito, aunque no necesariamente a gestionar el déficit de pisos. Su única pincelada en el sector fue en Hogar Sí (2014-2024), donde compartió bandera con Richard Gere. Muy bien por la filantropía, pero gestionar la vivienda pública no es hacer una gala benéfica; es una partida de ajedrez contra la especulación donde ahora el Gobierno ha decidido jugar con las piezas del psicoanálisis.
En el tablero político, hay quienes juegan al Monopoly con la vida real y otros que simplemente pasan la factura. El ministro Óscar Puente ha decidido que el puerto de Ceuta es el lugar ideal para montar un campamento de carpas para más de 1.000 personas en situación irregular, ignorando con una elegancia glacial el voto negativo de la Autoridad Portuaria de Ceuta. Para el Ministerio, el artículo 73.3 de la Ley de Puertos es como un 'vale todo' que permite saltarse la opinión de quienes gestionan el muelle día a día. La jugada es maestra en su desfachatez: mientras el Consejo de Administración advertía que esto era incompatible con la explotación del puerto —algo así como intentar montar un mercadillo en medio de una autopista—, Puente firmó la orden el sábado por la mañana. Resultado: 16.000 metros cuadrados de dominio público convertidos en un hotel de lona hasta el 31 de diciembre de 2026. Lo más jugoso es el contraste. Puertos del Estado admitió que la medida podría 'incrementar riesgos' en infraestructuras críticas. Traducido al cristiano: es un riesgo, pero como el 'interés general' manda, nos aguantamos. Mientras los empresarios de la CECE gritan que no se toque el motor económico de la ciudad, el Gobierno despliega enfermerías y casetas de seguridad como quien coloca muebles en un piso alquilado que no es suyo. Al final, la solución humanitaria se impone mediante un 'porque yo lo digo', dejando a la administración local como un simple espectador de su propia infraestructura, con la opción de recurrir ante la Audiencia Nacional si no les gusta el paisaje de carpas que ahora domina el horizonte portuario.
Hacer la compra hoy es un deporte de riesgo, una lotería donde siempre pierdes. Mientras el ciudadano medio mira el ticket del súper con cara de tragedia, Vox ha decidido sacar la calculadora para el arranque del curso político. El planteamiento es sencillo, casi de libro de cuentas de barrio: ¿por qué seguimos pagando el pato mientras el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones se gasta más de 1.000 millones de euros anuales en el programa de «acciones a favor de los inmigrantes»? Es el clásico contraste entre el presupuesto para el vecino que llega y el bolsillo del que ya estaba aquí. Santiago Abascal no se anda con rodeos y apunta al dedo a Carlos Cuerpo, el ministro de Economía, con una moción que huele a urgencia. Según las cuentas de Vox, desde 2018 nos han clavado más de 140 subidas de impuestos. Es una lluvia de tributos que ha dejado el poder adquisitivo en cuidados intensivos, con una pérdida del 3,2% en los salarios reales. Para rematar el cuadro, dicen que la recaudación del IRPF en 2025 se disparó un 85% comparado con 2017. Básicamente, el Estado ha pasado de pedir una propina a llevarse media cena. La receta de Vox para salir del agujero es el 'borrón y cuenta nueva' fiscal: exenciones para rentas bajas de 22.000 euros, bajadas de IVA y eliminar los impuestos a los hidrocarburos y la electricidad. También ponen el foco en la vivienda, donde sostienen que la llegada de 7,8 millones de inmigrantes entre 2018 y 2025 ha dinamitado los precios, convirtiendo el alquiler de una habitación en lo que antes era un piso entero. Piden una auditoría del Tribunal de Cuentas porque, según ellos, hay una ingeniería financiera invisible que oculta el gasto real en inmigración ilegal mientras el español de a pie sigue apretándose el cinturón.
Hay presupuestos que parecen escritos con tinta invisible y otros que, como el de Elma Saiz, son un despliegue de generosidad que haría palidecer a cualquier banquero suizo. Para 2026, la ministra de Inclusión ha blindado la partida 'Acciones para los inmigrantes' con 1.182 millones de euros. Para que el ciudadano de a pie lo entienda: mientras intentamos que la hipoteca no nos coma vivos, el Gobierno ha decidido que la acogida y el combate a la xenofobia tengan un presupuesto que ha crecido un 58,1% en lo que va de año. Un crecimiento exponencial que dejaría en ridículo cualquier plan de ahorro doméstico. Pero lo verdaderamente fascinante es la arquitectura del secreto. El Tribunal de Cuentas, ese organismo que debería ser el auditor implacable de nuestra cartera, lleva un año jugando al escondite con el informe de fiscalización solicitado por Vox. Tenemos un agujero contable del tamaño de una catedral donde se mezclan fondos de comunidades autónomas, ayuntamientos y ministerios. Mientras tanto, el think tank Neos, bajo la mirada de Jaime Mayor Oreja, lanza una cifra que marea: más de 30.000 millones anuales. El ejemplo más crudo es Ceuta. El Consejo de Ministros aprobó un Real Decreto-ley de 278 millones para la ciudad, pero al abrir la caja, el 42% no era para los ceutíes, sino para gestionar la crisis migratoria. El reparto es una obra maestra de la ingeniería financiera: 53,48 millones para Elma Saiz, 62,96 millones para los menores no acompañados de Sira Rego, 3,5 millones para los sanitarios de Mónica García y unos curiosos 299.493 euros para 'gastos extraordinarios' de la Oficina de Extranjería de Ángel Víctor Torres. En resumen, un despliegue de fondos donde el beneficiario final rara vez es quien paga los impuestos.
Hay algo profundamente poético en que el hombre que convirtió la frontera sur de Estados Unidos en su campaña publicitaria eterna decida ahora darnos lecciones de urbanismo y seguridad. Donald Trump, con la sutileza de un martillo neumático, ha vuelto a poner al Gobierno de Pedro Sánchez en su diana el pasado domingo. Según el mandatario estadounidense, España ha perdido el control de su frontera, calificando de «triste» y «lamentable» la situación en Ceuta. Para Trump, que gestiona la geopolítica como quien administra un casino en Las Vegas, la entrada de 80.000 inmigrantes desde Marruecos es el síntoma de un «control nulo». Mientras en Moncloa intentan jugar al equilibrista, librando de toda responsabilidad al gobierno marroquí pese a que los informes policiales dicen lo contrario, Trump dispara desde su red social. No se ha quedado corto: el jueves pasado ya había bautizado a España como una «nación arruinada», un comentario que duele más que un sablazo en la factura de la luz al final del mes. El guion es previsible. Trump señala las «leyes flojas» y la «mala gestión» de Sánchez, mofándose de una administración que, a su juicio, no sabía ni por dónde le soplaba el viento ante la avalancha. Incluso ha sacado punta a la sentencia del Tribunal Supremo de julio, esa que impide devolver a quienes llegan a nado por fronteras invisibles, convirtiendo la jurisprudencia española en un chiste de mal gusto para el consumo global. Pero aquí llega la joya de la corona: la hipocresía tiene nombre y apellidos. Mientras machaca a Sánchez, Trump le dedica versos de amor al rey Mohamed VI de Marruecos, llamándolo «sabio liderazgo» y «pilar de estabilidad». Es la vieja escuela de la diplomacia del interés: abrazar al que tiene la llave de la puerta mientras se escupe al que intenta cerrar la cerradura rota.
En la política, como en el fútbol, hay jugadores que nunca pisan el césped pero cobran como si fueran el capitán. José Antonio Ríos Pavón es el ejemplo perfecto de este 'estilo de vida'. Mientras el ciudadano medio tiene que pelearse con la burocracia hasta el cansancio para conseguir una cita previa, Ríos Pavón aterrizó en 2021 como director provincial del Instituto Social de la Marina (ISM) mediante la mística 'libre designación'. Traducción para los que no hablamos idioma administrativo: un dedo bien puesto y cero concursos de méritos. Este malagueño, que ya había pasado por el concejalismo en Coín antes de dimitir en 2016, ahora juega en la liga mayor como secretario de Política Económica y Transformación Digital del PSOE de Ceuta desde marzo de 2025. Pero el verdadero 'arte' no está en su currículum, sino en la gestión de la Casa del Mar. Este edificio, que según el manual de instrucciones es el refugio para los trabajadores del mar y pensionistas del sector, ha sido reconvertido en un hotel boutique para activistas de la ONG Accem. Es una jugada maestra de ingeniería social: usar un espacio público destinado a marineros para alojar a quienes gestionan carpas para 900 ilegales. El Ministerio de Elma Saiz lo llama 'situación excepcional', una frase que en el lenguaje de la calle significa 'lo hacemos porque podemos'. Mientras tanto, los vecinos de Parques de Ceuta y la Junta Obras del Puerto gritan 'sinvergüenzas' frente a un edificio de 27 habitaciones con baño propio, mientras el Gobierno central sigue repartiendo subvenciones millonarias a Accem y plantando campamentos junto a guarderías como la Nuestra Señora de África. Una gestión impecable, siempre que seas del partido.
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