El rey Mohamed VI ha decidido salir de su letargo discursivo —en uno de esos tres raros paseos anuales por el micrófono— para soltarle un 'tirón de orejas' diplomático a España. El escenario es el Parlamento, pero el mensaje es puro lenguaje de calle: 'Devolvednos a los chavales y dejad de jugar con el calendario electoral'.
El monarca alauí no se ha andado con chiquitas al denunciar la 'instrumentalización' de los sucesos del 30 y 31 de julio, lanzando una piedra muy clara hacia el Partido Popular y Vox, que parecen haber encontrado en la crisis de Ceuta el combustible perfecto para su precampaña.
Para el Rey, el sistema de cooperación actual es como un teléfono antiguo en la era del 5G: obsoleto.
Se queja de que existen leyes 'anticuadas' y jueces que viven en una realidad paralela, dificultando la repatriación de menores y de aquellos que, según él, 'usurpan' el estatus de refugiados. Mientras nosotros discutimos en el Congreso, Mohamed VI sugiere que este agujero legal es el buffet libre para las redes criminales.
La jugada es maestra. Por un lado, reconoce que hay avances, pero por otro, deja claro que la amistad entre Rabat y Madrid es un 'compromiso voluntario', no un contrato firmado bajo presión. Es la forma elegante de decir que, si el chantaje político sigue, el grifo de la cooperación podría cerrarse.
Para rematar la faena, el soberano ha anunciado un nuevo 'documento estratégico'. En cristiano: Marruecos va a dictar las nuevas reglas del juego mientras España intenta decidir quién llevará el timón del Gobierno. Como bien apunta Nabil Driouch, el Reino ya no quiere parches, quiere que Madrid limpie su legislación si no quiere que la frontera se convierta en un deporte de riesgo recurrente.
Crítica:
El texto original es una oda a la diplomacia que evita nombrar los conflictos reales, disfrazando la presión política de 'visión estratégica'. Falta un análisis crítico sobre por qué esas leyes son 'obsoletas' según el Rey pero 'derechos humanos' según los jueces.
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