Crítica:
El texto original es una joya de la denuncia, aunque peca de optimismo al esperar que el Defensor del Pueblo sea el árbitro neutral. La conexión entre el 'pósit' y la orden del embajador es el clavo final en el ataúd de la legalidad.
El texto original es una joya de la denuncia, aunque peca de optimismo al esperar que el Defensor del Pueblo sea el árbitro neutral. La conexión entre el 'pósit' y la orden del embajador es el clavo final en el ataúd de la legalidad.
Francia ha decidido que la mejor forma de arreglar el barrio es apagando la luz y echando a todo el mundo a casa. El primer ministro, Sebastién Lecornu, ha jugado la carta del 'encierro preventivo' este lunes 19 de octubre de 2026, lanzando toques de queda que parecen sacados de una película de época pero con presupuesto moderno. La lista de invitados a este silencio forzado empieza por Lille y se extiende a Douai, Wattignies y Denain. El horario es tajante: de las 20:00 de hoy hasta las 06:00 del martes. Básicamente, si no estás en tu sofá, eres sospechoso. Lecornu, moviéndose con la cautela de quien no quiere romper el jarrón pero ya ha sentido el viento del caos, ha evitado la palabra 'emergencia'. No quiere el ruido mediático de un estado de sitio, prefiere el bisturí: toques de queda 'puntuales y muy localizados'. Es la clásica ingeniería política de intentar tapar una inundación con una servilleta de papel. Mientras la tensión social se disparó el pasado fin de semana, el Gobierno nos vende que hay 'consenso con los alcaldes'. Claro, el consenso es más fácil de alcanzar cuando la alternativa es ver cómo vuela el mobiliario urbano por los aires. Al final, la receta es la de siempre: en lugar de bajar al sótano a ver por qué saltan los plomos, prefieren prohibir que alguien toque el interruptor. Lecornu ha dejado la puerta abierta para que cualquier alcalde que tenga miedo pida el cierre perimetral de su pueblo. Es el modelo 'autoservicio' de la seguridad ciudadana: tú eliges cuánto quieres restringir la libertad de tus vecinos para que el Gobierno pueda decir que tiene la situación bajo control mientras el país sigue hirviendo a fuego lento.
Hay una receta clásica para el desastre corporativo: un jefe que llega con aires de salvador, llama 'puta' a su propia casa y luego se sorprende de que los empleados no le inviten a las cañas. Álvaro Fernández Heredia, presidente de Renfe, decidió que la mejor forma de 'profesionalizar' la compañía era soltar un diagnóstico demoledor a principios de 2025 ante el órgano mixto con la Generalitat de Cataluña. Según Heredia, en Renfe reina la 'dejadez' y una 'cultura de incumplimiento'. Básicamente, dice que la empresa funciona con la misma eficiencia que un mando a distancia sin pilas. Mientras el usuario medio lucha contra retrasos que parecen eternos, la cúpula se dedica a la gimnasia organizativa. El 2 de junio, Heredia ejecutó una reorganización de su Gabinete de Presidencia que los internos califican de 'barbaridad'. Es como intentar arreglar una gotera moviendo los muebles de sitio. Pero el surrealismo alcanzó su pico en enero de 2026 con 'el chalecazo': los maquinistas de Rodalies, hartos de que la gestión fuera tan deficiente como el material móvil, lanzaron sus chalecos a los pies del presidente tras el trágico accidente en Gelida que dejó dos muertos. Un gesto lapidario que dice más que cualquier PowerPoint. La hipocresía se sirve fría. Mientras el Sindicato de Maquinistas Semaf convoca una huelga para el 29 de octubre denunciando un bloqueo administrativo en seguridad ferroviaria, Heredia se escapaba a Japón con su número dos. El destino no es casual: asistieron a un evento de la IHRA, donde Hitachi —que compite por una licitación de 4.000 millones de euros para nuevos trenes— es protagonista. Mientras en Valencia los maquinistas piden parar los trenes por lluvias y Renfe los tacha de 'arbitrarios', el presidente prefiere mirar el modelo nipón. Quizás es que en Japón los chalecos no vuelan.
Hay quienes necesitan años de estudio y noches en vela para montar un negocio, y luego está Carles Arques. El exdirigente del PSPV ha descubierto el secreto del éxito emprendedor: que tus antiguos colegas sigan mandando. Su empresa, EU Local Affairs SL (que se vende con el nombre más aséptico posible, Euromunicipal), nació el 28 de octubre del año pasado y, en lugar de pasar por el valle de lágrimas del emprendimiento, aterrizó directamente en el colchón de los fondos públicos. En menos de un año, se ha embolsado 229.240 euros. Para que nos entendamos: mientras el ciudadano medio pelea con el banco por una hipoteca, Arques ha facturado el equivalente a varias casas sin despeinarse. La técnica es la vieja y confiable 'ingeniería del contrato menor'. Quince adjudicaciones directas entre diciembre de 2025 y septiembre de 2026 repartidas en 14 municipios. El patrón es casi poético: once de esos contratos rozan los 14.000 euros, bailando justo debajo del límite legal de los 15.000 euros para evitar que alguien tenga que publicar un anuncio en el BOE y pedir presupuestos a otros. Es el arte de pasar desapercibido mientras se llena la cuenta. Desde los 9.680 euros de Aldaya (bajo el mando de Guillermo Luján) hasta los 17.850 euros de Puebla de Vallbona, firmados justo antes de que el PP tomara el mando con Jaime Ruix, el mapa de clientes parece el directorio telefónico del socialismo valenciano. Incluso Alcácer, gobernado por el PP, entró al trapo con dos contratos que suman 35.332 euros por la misma 'Agenda Urbana', un movimiento que huele a fraccionamiento de contrato desde aquí. Arques, que ya fue asesor en la Delegación del Gobierno y en la Diputación de Valencia bajo Bartolomé Nofuentes, ha pasado de gestionar los fondos europeos a cobrar por decir cómo gestionarlos. Una transición profesional tan fluida que asusta.
Hay una danza muy particular en las altas esferas de la política: mientras el discurso oficial se ensaña con los rentistas, en el salón de casa se gestionan holdings que harían palidecer a cualquier inversor de Wall Street. Montse Mínguez, la ex portavoz del PSOE, ha decidido hacer un 'paso atrás' —traducción: salir por la puerta de atrás— tras descubrirse que su pareja, Sergi Vélez, tiene una relación muy creativa con el concepto de 'colaboración ciudadana'. Resulta que el fisco de Andorra le envió diez notificaciones. Diez. Para quien no sepa leer el lenguaje de la administración, ignorar diez avisos no es un despiste, es un deporte de riesgo. El asunto es sencillo: la Secretaría de Estado de Asuntos Financieros Internacionales buscaba datos sobre el padre de Vélez, José Luis Vélez Burrell, un promotor inmobiliario nacido en Lérida en 1952 que se nacionalizó andorrano en 2013. El señor falleció en un accidente cerca de Lisboa dos años antes del edicto, pero sus cuentas dejaron un rastro que el Estado español quería seguir por un presunto delito tributario. La hipocresía tiene un precio exacto. Mientras Mínguez predicaba austeridad, su pareja controlaba un holding con 30 inmuebles en España y unos ingresos declarados de 1,3 millones de euros el año pasado. Y para rematar el cuadro, el Ayuntamiento de Lérida le perdonó una deuda de 300.000 euros justo cuando Mínguez era concejal de Economía. Un sablazo al erario público que se gestionó con la naturalidad de quien pide un café. El Gobierno de Andorra tuvo que publicar un edicto el 1 de octubre de 2020 en el BOPA porque Sergi Vélez y su hermana Núria jugaban al escondite con la ley. Al final, Mínguez dimite diciendo que es 'lo mejor para el proyecto colectivo'. Claro, porque el proyecto colectivo no encaja bien con los paraísos fiscales y los perdones millonarios.
Mantener la silla en Moncloa es, al parecer, un deporte extremo que justifica cualquier pirueta ética. No hablamos de negociar presupuestos o repartir ministerios, sino de entrar en el terreno del barro más denso. Según los papeles que ha rescatado THE OBJECTIVE de un sumario de la Audiencia Nacional, las 'cloacas' del PSOE no solo estaban dispuestas a todo, sino que diseñaron un plan de demolición personal contra el fiscal Anticorrupción José Grinda. La estrategia era tan rudimentaria como cruel: fabricar mentiras, inventar desviaciones sexuales y salpicar incluso a la familia del fiscal para convertirlo en un paria. Todo esto no era un capricho, sino una moneda de cambio, un 'vale por un favor' para Junts y Carles Puigdemont. El documento de 44 páginas lee como un guion de serie B donde la verdad es un estorbo. Querían que Junts lanzara la denuncia el día 12, usando información falsa como un ariete para tumbar causas espinosas como el 3 por ciento, el caso Pujol o las indagaciones sobre Aigües de Girona. Es la ingeniería financiera del chantaje: cambiar la honorabilidad de un funcionario por la supervivencia política de un Gobierno. En el camino, no dudaron en señalar a Consuelo Madrigal o a mandos de la Guardia Civil, tratando la justicia como si fuera una lista de la compra donde se tachan nombres según convenga al calendario electoral. Lo más delirante es ver cómo se obsesionaban con un policía de la UDEF llamado Fran, creyendo que eliminar el eslabón más débil haría colapsar todo el castillo de naipes. Mientras el ciudadano medio lucha por pagar la luz, en los despachos del poder se fraguaba una alianza de conveniencia basada en el fango, donde el objetivo no era la justicia, sino que el tablero siguiera configurado a su favor. Una danza macabra entre el socialismo y el independentismo con el fiscal Grinda como sacrificio ritual.
La burocracia tiene un don especial para el surrealismo, pero lo del Ministerio de Igualdad es arte abstracto. Resulta que la asociación Trans No Normativos (TNN), un grupo donde abundan militares y policías que juegan al ajedrez con la identidad y la estética, ha pedido una subvención. El Instituto de las Mujeres les ha cerrado el grifo con una frialdad quirúrgica: dicen que no cumplen el requisito del 65% de mujeres en su Junta Directiva. El problema es que, en el papel, el 75% son mujeres. Tres de cuatro integrantes tienen el sexo registral femenino, pero el Ministerio parece haber hecho la lectura del DNI como quien lee un menú de restaurante: si el nombre suena a 'Juanjo' o 'Roberto', pues hombre será. Es la paradoja del siglo. Estamos ante una administración que, mientras presume de vanguardia, se ha quedado colgada en el siglo XIX al juzgar el género por el nombre. Juanjo Sanz, Daniel Gutiérrez, Javier Sanz y Roberto Coronel son los nombres que han detonado el conflicto. Para el Ministerio, estos nombres son un muro infranqueable que anula la ley trans de Irene Montero. Es como si te denegaran la entrada a un club de lectura porque tu nombre no suena a 'intelectual', ignorando que llevas la biblioteca entera bajo el brazo. La asociación, indignada, recuerda el caso de Emma Colao en abril de 2024 para subrayar que la apariencia sigue siendo la ley no escrita en los pasillos del poder. TNN no pide un cheque regalo ni un trato VIP; pide que alguien en el Ministerio deje de mirar la superficie y empiece a mirar los documentos. Al final, la igualdad parece funcionar como una aplicación de citas: si la foto (o el nombre) no encaja con el algoritmo del funcionario de turno, no hay 'match' ni hay subvención.
Hay quien hace cola tres años para renovar el DNI y hay quien recibe el pasaporte español como si fuera un regalo de Navidad por ser 'VIP'. La Ley de Memoria Democrática nació para sanar heridas del exilio, pero en el Consulado de España en México parece que la han confundido con un programa de puntos de fidelidad para políticos. El 5 de diciembre de 2023, Nancy de la Sierra Arámburo, senadora del PRI, y tres familiares se colgaron la medalla de la nacionalidad española sin que hubiera un solo antepasado que hubiera huido de la Guerra Civil o de Franco. El truco fue sencillo: una ingeniería familiar liderada por su padre, Óscar de la Sierra Said, de 87 años. El señor Óscar alegó ser nieto de un español basándose en un acta matrimonial, omitiendo convenientemente actas de nacimiento o bautismo. Sus padres, José Manuel y su madre, nacieron en Puebla y México respectivamente en 1903 y 1909. O sea, que el 'vínculo' se remonta al siglo XIX, décadas antes de que empezara el lío de 1936. Pero en la administración pública, cuando eres un 'VIP', los requisitos son sugerencias. Mientras el ciudadano medio pelea con la burocracia, a la familia de la senadora los recibieron con alfombra roja y WhatsApps internos para que el padre no tuviera que esperar porque 'no escucha demasiado'. El combo fue redondo: el 5 de diciembre obtuvieron el premio Óscar, Lilia y el propio hijo Óscar, junto a Nancy. Una jugada maestra de conveniencia política: Nancy, que saltó del PRI a la coalición de López Obrador y volvió al PRI el 3 de octubre de 2023, consiguió el pasaporte apenas dos meses después. Según fuentes consulares, esto no es un error, sino un sistema: el 90% de los nacionalizados por esta vía no tienen ancestros en el periodo 1936-1955. Básicamente, están regalando la ciudadanía a cambio de favores o proximidad al Gobierno de Pedro Sánchez.
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