En el tablero del poder madrileño, las piezas se mueven con la precisión de un reloj suizo y la ética de un casino clandestino. Francisco Martín ha decidido hacer las maletas cinco semanas antes de las generales, alegando que 'no se daban las condiciones'. Traducción: se ha quedado fuera de las listas del PSOE para el 29-N y, sin el escudo del aforamiento, prefiere no estar en primera línea mientras Vox prepara una querella por la acampada de Sol y la Audiencia Nacional husmea en Bancal de Rosal, esa asociación que financió las primarias de Sánchez en 2017.
Pero el verdadero espectáculo comienza con el ascenso de Pilar Trinidad. Nombrada subdelegada el 11 de enero, Trinidad no es una desconocida en el ecosistema de Begoña Gómez. Ambas coincidieron en diciembre de 2019 en un evento del Organismo Internacional de la Juventud (OIJ) sobre cambio climático.
Para el ciudadano medio, esto suena a altruismo; para el que sabe leer entre líneas, fue el puente perfecto para que la esposa del presidente expandiera sus negocios internacionales y sus cursos de sostenibilidad.
Si eso no fuera suficiente, el rastro del dinero nos lleva a la Universidad Rey Juan Carlos (URJC).
Mientras nosotros contamos los céntimos para llegar a fin de mes, Trinidad estuvo vinculada a una adjudicación de 4 millones de euros para el empresario Juan Carlos Barrabés. Un sablazo considerable que salió de un fondo europeo de 12 millones gestionado por la Asociación del Deporte Español (Adesp).
Lo más curioso es que la licitación se lanzó entre el 21 y el 31 de diciembre de 2023, justo cuando el país estaba distraído con el pavo y el turrón. Una ingeniería financiera diseñada a medida para el amigo de Begoña, quien, por cierto, acaba de librarse del banquillo donde sí se sentará la mujer del presidente el próximo 21 de septiembre por tráfico de influencias y malversación.
Crítica:
La noticia es un catálogo de coincidencias sospechosas que el texto presenta con demasiada cortesía. Falta una investigación más profunda sobre el flujo real de esos 4 millones europeos para no quedarse en la superficie del 'está en entredicho'.
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