En Ferraz han empezado a sudar frío. No es el calor del sur, sino el pánico a que el 29-N les hagan un agujero en el presupuesto electoral que no podrán tapar con maquillaje político. El PSOE está jugando al Tetris con los votos de izquierda, intentando que el Frente Amplio y los de Ada Colau no les estorben en el camino, mientras negocian en las sombras como quien intenta vender un coche sin ITV.
Pero el verdadero dolor de muelas se llama Adelante Andalucía.
Para los socialistas, que Adelante Andalucía crezca no es solo una molestia; es un sablazo en la factura de escaños. No temen que les roben el trono, sino que les quiten esos votos 'migaja' que, por la ley d’Hondt, son la diferencia entre ganar un asiento o quedarse mirando desde la barrera mientras el PP se ríe.
José Ignacio García y su equipo, que presumen de ser 'caras nuevas' y no políticos de carrera —esos que saltan de cargo en cargo como quien cambia de camisa—, aspiran a tres escaños en una región de 60.
La matemática del susto es clara. En 2023, Pilar González apenas arañó 9.064 votos (un 1,4%), una cifra que hoy parece un mal recuerdo.
Pero el salto en las autonómicas fue un golpe bajo: pasaron de 168.960 a 401.732 votos, disparando su cuota del 4,6% al 9,6%. Ahora, el 'CIS andaluz' de la Fundación Centro de Estudios Andaluces (Centra) les pone el listón en un 12,5% y hasta 10 escaños. Mientras María Jesús Montero ve cómo su apoyo se desinfla como un globo pinchado, los andalucistas se plantan como la fuerza 'a la izquierda del PSOE', convencidos de que el voto de castigo ya no busca refugio en Madrid, sino que se queda en casa.
Crítica:
El texto original es un collage de declaraciones optimistas y miedos internos que no aclara si el 'roto' es una realidad estadística o una paranoia de pasillo. Demasiada dependencia de encuestas aisladas para dibujar un escenario apocalíptico.
Comentarios