Otro municipio de Madrid da la voz de alarma ante el aumento de su censo por la ley de nietos

Censo de 'nietos': el surrealismo electoral madrileño

politica Una ilustración conceptual y satírica que muestra un árbol genealógico antiguo cuyas raíces se transforman en papeletas de voto que caen en una urna electoral. Al fondo, la silueta de un pueblo español pequeño y tranquilo, con un contraste visual entre el papel antiguo amarillento y la modernidad de una urna de votación. Estilo editorial de revista política, colores sobrios con un toque de ironía.

Hay algo fascinante en la burocracia española: la capacidad de convertir un árbol genealógico en una herramienta de ingeniería electoral. La 'ley de nietos', diseñada para sanar heridas históricas de exiliados entre 1936 y 1955, ha terminado siendo el 'vale todo' de los censos madrileños.

En Collado Villalba, Mariola Vargas ha soltado la alarma: el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) ha subido un 19% respecto a 2019. Hablamos de 227 nuevos votantes que elevan la cifra a 1.439 personas. Para un pueblo de 67.000 habitantes, que el 3% del censo sea gente que probablemente no sabe dónde queda la plaza del pueblo es, cuanto menos, curioso. Pero el surrealismo alcanza cotas estratosféricas en Tres Cantos.

Jesús Moreno se pregunta cómo es posible que haya 215 nuevos inscritos en un municipio que nació en 1991. Es matemática básica: nadie puede ser descendiente de un exiliado político de Tres Cantos porque el pueblo no existía cuando la gente huía del país. Es como intentar reclamar una herencia de un abuelo que vivió en un edificio construido ayer. Y luego tenemos el caso de Madarcos, la joya de la corona del absurdo.

En el municipio más pequeño de Madrid, con apenas 70 vecinos, hay más votantes en el CERA que personas viviendo físicamente en el pueblo. Básicamente, el pueblo es un cascarón donde los residentes reales son minoría frente a los 'nietos' invisibles. Mientras Isabel Díaz Ayuso pide a la JEC que se acabe el registro automático y se exijan papeles reales, los alcaldes miran el censo como quien mira la factura de la luz tras un invierno helado: con horror y la sensación de que alguien les está tomando el pelo.

Crítica:

La noticia expone el vacío legal con claridad, aunque omite explicar técnicamente cómo se produce el registro automático. Es un despliegue de indignación municipal que roza lo anecdótico pero revela un fallo sistémico.

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