La chapuza del Gobierno con el Tajo-Segura dejará sin agua del trasvase durante cinco meses a un millón de personas en Alicante

Tajo-Segura: El grifo seco y la chapuza

politica Una ilustración conceptual y satírica de un gran canal de hormigón agrietado y rompiéndose en el centro, donde el agua se escapa por agujeros mientras unos burócratas con trajes formales intentan tapar las grietas con pequeños trozos de papel y pegamento. Al fondo, un paisaje árido con árboles secos y una ciudad costera bajo un sol abrasador. Estilo editorial de periódico, colores contrastados, atmósfera de negligencia y urgencia.

Gestionar el agua en este país es como intentar tapar una gotera en el techo con un chicle masticado: tarde o temprano, el techo se te cae encima. Lo que el Gobierno vendió hace diez días como una 'incidencia temporal' ha resultado ser un desastre arquitectónico con todas las letras.

La Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) ha soltado la bomba: el acueducto Tajo-Segura tiene los cimientos hechos trizas, con hundimientos en Liétor y Riansares que obligan a cerrar el grifo durante cinco meses. Cinco meses. Para un millón de personas en Alicante, eso no es una 'incidencia', es una condena a vivir pegados a la factura de la luz, ya que las desaladoras tendrán que trabajar a marchas forzadas para que no nos bañemos en arena. Mientras el ciudadano medio hace malabares para que la cuenta corriente no llegue a cero, el Ministerio para la Transición Ecológica ha soltado un presupuesto de 1,2 millones de euros para intentar que el hormigón no se convierta en queso suizo.

Es una cifra que suena a mucho hasta que te das cuenta de que 30.000 hectáreas de cultivo están ahora mismo en el limbo, rezando para que el calendario avance más rápido que la burocracia. Lucas Jiménez, del SCRATS, pone números al pánico: 65 hectómetros cúbicos en riesgo para el regadío y 25 para el consumo.

Un agujero hídrico que deja en evidencia la dejadez estatal. La hipocresía es el plato fuerte. El Gobierno tardó dos semanas en admitir que la infraestructura está en las últimas, limitándose a un comunicado de 365 palabras que parece redactado por alguien que no quiere que lo despierten del siesta.

Ahora, entre la presión de Francisco Lucas y las quejas de Miguel Barrachina, se apresuran a declarar la 'emergencia'. Claro, porque la emergencia no es que el canal se hunda, sino que el escándalo político ya no se puede maquillar con eufemismos técnicos.

Crítica:

La noticia es un manual de cómo ocultar un desastre bajo lenguaje técnico hasta que ya no hay vuelta atrás. Falta profundizar en quién aprobó los últimos mantenimientos preventivos que, evidentemente, fueron un simulacro.

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