Crítica:
El texto original es un panfleto de eficiencia administrativa que ignora el coste humano y legal. Presenta las cifras como un éxito absoluto sin cuestionar la sostenibilidad ética de tales medidas.
El texto original es un panfleto de eficiencia administrativa que ignora el coste humano y legal. Presenta las cifras como un éxito absoluto sin cuestionar la sostenibilidad ética de tales medidas.
Ceuta respira con el pecho apretado. Apenas han tenido tiempo de limpiar el rastro del caos del pasado 30 de julio y ya les llega el aviso de que la función se repite. El guion es el mismo, el casting es idéntico y la fecha está marcada en el calendario como quien anota una cita con el dentista: 15 de agosto. No es una corazonada; Golden Owl, que se dedica a rastrear la huella digital, ha detectado que los mismos perfiles de Telegram y TikTok que movilizaron a la masa la última vez están volviendo a dar la señal. Es la danza de siempre. Mientras la ciudad intenta gestionar a los 3.000 o 5.000 inmigrantes que quedaron como residuo de la última crisis, Rabat juega al gato y al ratón con la frontera. La hipocresía es el plato principal: se habla de seguridad, pero la realidad es que si la policía marroquí decide mirar hacia otro lado, no hay barrera que valga. De hecho, el Gobierno ha instalado una barrera flotante de 500 metros en el espigón del Tarajal, una medida que suena a poner un parche de colores en una tubería que ya ha reventado. Kissy Chandiramani, vicepresidenta de la ciudad, lo ha soltado sin anestesia en Canal Sur Radio: si Marruecos quiere, esto se repite. Es el uso de la miseria humana como moneda de cambio diplomática. Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu, senador del PP y excomandante de Melilla, lo ha resumido en El Debate con una crudeza necesaria: 50.000 personas avanzando con permiso marroquí son una fuerza imparable. Entre el miedo de los sindicatos policiales y la fragilidad de los recursos de acogida, Ceuta se queda esperando el 15 de agosto, sabiendo que la frontera es, en realidad, un interruptor que alguien en Rabat decide accionar según le convenga el viento.
Hay una receta clásica para evitar hablar de los propios errores: culpar al vecino y, si puedes, pedirle que te regale la casa. Así opera la prensa marroquí. Mientras miles de personas intentan cruzar la frontera a nado, el diario Le360 decide que la solución no es gestionar el flujo migratorio, sino que España entregue las llaves de Ceuta y Melilla. Según su narrativa, estas ciudades son «ciudades ocupadas» y su «restitución» es la única salida. Una gimnasia mental fascinante. Traducido al lenguaje de la calle: es como si tu vecino dejara que la gente saltara su valla para entrar en tu jardín y, cuando te quejas del caos, te dijera que el jardín es suyo porque «está en su barrio» y que mantener el césped cortado te sale demasiado caro. El diario alauita se atreve a hablar de «anomalía geopolítica» y menciona que el coste financiero y logístico de la protección española pesa sobre las arcas públicas. Claro, porque ahora resulta que mantener la frontera es un gasto superfluo que España debería ahorrar regalando territorio. El argumento histórico es el colmo de la ironía. Le360 evoca la presencia árabe-musulmana en España durante ocho siglos para justificar que Ceuta y Melilla son «vestigios de una época pasada». Olvidan, convenientemente, que cuando estas plazas se incorporaron a la Monarquía Hispánica, el Estado marroquí moderno ni siquiera figuraba en el mapa. No hubo colonialismo, hubo presencia centenaria. Ahora, entre Fnideq y Nador, el régimen de Mohamed VI juega a que la geografía y la demografía son mandatos divinos. Al final, el mensaje es transparente: el caos migratorio no es un problema de gestión, sino una herramienta de presión inmobiliaria a escala estatal.
Hay una receta clásica para cocinar una dictadura: un puñado de caos social, una moneda que no vale ni para comprar tabaco y un trauma militar que deje a la nación en estado de shock. En septiembre de 1923, Miguel Primo de Rivera decidió que el país necesitaba un 'tajo político', presentándose como el cirujano de hierro mientras el Parlamento era básicamente un club de lectura cerrado. El detonante no fue una idea brillante, sino la carnicería de Annual, donde más de 10.000 soldados españoles fueron masacrados por las milicias de Abd el-Krim. Imaginen el impacto: cuerpos dejados al sol rifeño y una humillación colectiva que hizo que el ciudadano medio aceptara cambiar la urna por la bota militar sin que volara una sola bala. El Rey Alfonso XIII, que prefería la estabilidad de un cuartel a que el 'Expediente Picasso' le salpicara los zapatos con chanchullos y mordidas del ejército, no puso pegas. Así, entre vítores y el silencio impuesto a intelectuales como Unamuno —quien ya advertía que un país no se gobierna como un cortijo—, nació el Directorio Militar. La tragedia del Rif, que duró diez años, fue el caldo de cultivo perfecto. Mientras la Legión, fundada el 28 de enero de 1920, romantizaba la muerte como si fuera un beso de ángel según José Millán-Astray, la realidad eran camiones aplastando cadáveres en Monte Arruit. El clímax llegó el 8 de septiembre de 1925 con el desembarco de Alhucemas. Un éxito táctico que catapultó a figuras como Sanjurjo y ascendió a un joven Franco a coronel. Irónicamente, aquellos guerreros de Abd el-Krim que España no pudo domar terminaron siendo los 'Regulares' que diez años después aterrorizarían la Ciudad Universitaria de Madrid. La historia nos deja un aviso: cuando el liderazgo es mediocre y el conflicto colonial se gestiona con incompetencia, el camino hacia la autocracia está pavimentado con buenas intenciones y muchos muertos.
Hay que tener un despliegue de optimismo casi quirúrgico para publicar una lista de canciones favoritas en Instagram mientras el país parece un episodio de 'Supervivientes' sin presupuesto. Mientras Ceuta se asfixiaba el pasado 30 de junio con una entrada masiva de inmigrantes marroquíes y los incendios forestales devoraban el mapa, Pedro Sánchez decidió que el momento era ideal para un 'reset' emocional. No cualquier reset: cuatro semanas de desconexión total, un récord de generosidad personal que dejaría en ridículo a cualquier otro jefe de Estado de la UE. El despliegue logístico fue digno de una estrella de rock: jet privado hasta Lanzarote y refugio en la villa estatal 'La Mareta', donde el acceso privado al mar y la pista de tenis ayudan a filtrar el ruido de la realidad. Según 'The Bild', el presidente ignoró sistemáticamente las advertencias de los servicios de inteligencia sobre la crisis migratoria, pero no olvidó incluir a Madonna con su tema 'I Feel So Free' en su banda sonora veraniega. Es el arte de la gestión moderna: mientras los cadáveres aparecen en las playas y la oposición grita que el Gobierno niega la realidad, el mandatario se dedica a curar su playlist de Charli XCX y los Rolling Stones. Para rematar la jugada, el cuadro familiar se completa con Begoña Gómez, quien acompaña al presidente en su retiro antes de enfrentarse, a partir de septiembre, a un juicio por influencias ilegales y malversación de fondos públicos. 'The Times' y 'The Telegraph' no han sido precisamente delicados con la sensibilidad del jefe del Ejecutivo. Al final, el mensaje es claro: el país puede hundirse en el caos, pero la música en La Mareta suena impecable y el aire acondicionado del avión privado funciona a la perfección.
Parece que el calendario de los 'harraga' tiene una fecha marcada en rojo, como quien reserva el restaurante para la Nochevieja: el 15 de agosto de 2026. Mientras el ciudadano medio se pelea con la maleta para irse de vacaciones, en TikTok y WhatsApp se cocina un 'evento masivo' con la precisión de un festival de música, pero sin entradas ni seguridad. El punto de encuentro es Castillejos (Fnideq), el lugar donde la esperanza y la desesperación se dan la mano frente a la valla. Alejandro Ramírez, portavoz del Gobierno de Ceuta, ha salido a la palestra con el tono habitual de quien ve venir la tormenta pero no tiene el paraguas a mano. Dice que hay 'preocupación'. Traducción: saben que el guion es el mismo que el del verano de 2024, cuando el 15 de septiembre se intentó repetir la jugada. En aquel entonces, más de 700 personas se colaron nadando o saltando el perímetro, convirtiendo la frontera en un coladero humano que obligó a desplegar un ejército de agentes para evitar que el caos se multiplicara. Ahora, el canal 'haraga mrc' es la nueva oficina de turismo para la irregularidad. Lo fascinante es la coreografía institucional: Ramírez pide más efectivos de la Policía Nacional y ayuda a Europa, básicamente solicitando que el Gobierno central deje de mirar hacia otro lado y mande recursos antes de que el 15 de agosto sea el día del desbordamiento. Es la eterna historia de Ceuta: pedir ayuda a Madrid mientras los grupos de WhatsApp organizan la logística de entrada más eficiente que la gestión de los fondos europeos. Esperan que no ocurra, pero la historia, al igual que los mensajes en darija, tiene una costumbre terrible de repetirse.
La naturaleza no lee boletines oficiales ni entiende de protocolos diplomáticos. Mientras los burócratas en Madrid se pelean con el mapa, la palometa negra (Brama brama) ha decidido que las aguas de Mauritania están demasiado calientes para su gusto y se ha mudado al norte, al Sáhara Occidental. Un éxodo biológico que deja a la flota española en una situación ridícula: el pescado está ahí, pero tocarlo es jugar a la ruleta rusa con el derecho internacional. Los números son una bofetada. Pasar de descargar 2.928 toneladas en 2019 a unas miserables 80 toneladas en 2025 no es una fluctuación; es un desplome. Para que el lector de a pie lo entienda: es como si tu sueldo mensual pasara de un buen salario a lo que te queda después de pagar el alquiler y comprar un paquete de galletas. El rendimiento ha caído un 92%, bajando de 3.650 kilos diarios en 2017 a solo 308 kilos en 2025. Un agujero financiero que hunde la rentabilidad de armadores gallegos y canarios. Aquí entra la gimnasia mental de Luis Planas. El ministro, cuyo móvil fue el juguete de Pegasus por cortesía de Rabat, ha redactado un borrador de ayudas que evita decir la palabra 'Sáhara' como si fuera una maldición. Para el Gobierno, el pez no se ha ido a una zona en disputa, sino a 'aguas jurisdiccionales del Reino de Marruecos'. Un malabarismo semántico peligroso, ya que la UE no tiene acuerdo con Rabat y el contrato con Mauritania caduca el 14 de noviembre. Mientras España se pierde en el laberinto legal y ofrece una palmadita económica de 80.000 euros bajo el régimen de minimis —una cifra que para una flota industrial es como poner una tirita en una amputación—, los barcos chinos y turcos pasan por el lado y se llevan el botín sin remordimientos ni tratados que respetar.
Cruzar la frontera es, hoy día, una cuestión de presupuesto y de saber leer el clima. Mientras más de 70.000 personas colapsaban Ceuta en una marea humana que recordaba a las peores aglomeraciones de un concierto gratuito, un grupo selecto decidió que el paso fronterizo de El Tarajal era para los que no tienen presupuesto. Para estos 'VIP' de la irregularidad, la solución fue un banco de niebla y una tarifa premium: entre 4.000 y 6.000 euros por plaza, un sablazo que triplica el coste de una patera convencional, que ya de por sí es un atraco entre 1.000 y 3.000 euros. La ironía es que mientras las mafias despliegan motos de agua de 70 nudos —máquinas que vuelan sobre el agua—, la Guardia Civil intenta perseguirlas con una lancha S-40 que apenas alcanza los 29 nudos. Es como intentar atrapar un Ferrari con un carrito de helados. Para rematar la jugada, la lancha HS-60 ha pasado el último mes en el taller; la arreglaron el 16 de julio para el día del Carmen, pero el artefacto decidió morirle a los agentes veinticuatro horas después. Una gestión del material que roza la comedia. Al menos una veintena de personas aterrizó en puntos como el Faro de Punta Carnero, la ensenada de Getares o la playa de Levante en La Línea de la Concepción. El domingo pasado se detectó la jugada, y aunque la Policía Nacional detuvo a cuatro personas el lunes en Cala Secreta, el sistema sigue siendo un colador. Lo más preocupante es el efecto dominó: al mandar a todo el mundo a vigilar la crisis migratoria, el narcotráfico ha encontrado la puerta abierta. Según el Informe Anual 2026 de CEAR, el Estrecho solo representó el 1% de las llegadas en 2025 (347 personas), pero cuando la niebla cubre el mar y las lanchas fallan, ese porcentaje es el espacio perfecto para que el crimen organizado haga sus cuentas.
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