El nacionalismo pincha en su esfuerzo para renombrar una región del sur de Francia como «Pirineos Catalanes»

Pirineos Catalanes: El pinchazo del nacionalismo

politica Una ilustración satírica que muestra un mapa antiguo de una región montañosa donde una mano intenta pegar una etiqueta adhesiva que dice 'Catalanes' sobre el nombre original, pero la etiqueta está despegándose y cayendo. Al fondo, un grupo de personas indiferentes camina ignorando la escena, con un estilo de caricatura editorial de periódico, colores sobrios y trazos ácidos.

Hay quien confunde la geopolítica con un juego de Lego y cree que cambiarle la etiqueta a un territorio es, por arte de magia, anexionarlo. Esta vez, el sueño de los 'países catalanes' ha chocado frontalmente contra la apatía de los vecinos del Departamento de los Pirineos Orientales.

Mientras el nacionalismo se moviliza con la urgencia de quien intenta rescatar un mueble en rebajas, la realidad es que a la gente le importa un bledo si viven en el Rosellón, el Vallespir, el Capcir, el Conflent, la Alta Cerdaña o la Fenolleda, siempre que el café siga costando lo mismo. La Plataforma per la Llengua, disfrazada de ONG, se lanzó a la piscina para impulsar la marca 'Pirineos Catalanes'.

Pero el resultado es un auténtico agujero de participación. Hasta ahora, solo 27.843 personas han movido un dedo para votar —un 69 % por internet y el resto con el clásico papel—. Hagamos cuentas de barrio: eso es apenas el 7,4 % de un censo de 378.186 votantes. Es como intentar llenar un estadio de fútbol y que solo lleguen cuatro gatos y un perro. La ironía es deliciosa.

El independentismo ya sufrió el primer sablazo cuando su opción estrella, 'País Catalán', fue descartada de entrada. Ahora se conforman con un nombre híbrido que debe luchar contra el actual o el postureo turístico de 'Pirineos Mediterráneos'. Lo más gracioso es que la consulta, activa hasta el 15 de agosto (con el papel cerrando el 10), no es vinculante.

Para que el cambio sea real, necesita el visto bueno del Consejo de Ministros francés y del Consejo de Estado. En resumen: mucho ruido en el altavoz nacionalista y un silencio sepulcral en las urnas francesas.

Crítica:

La noticia es un ejercicio de medición de egos donde el dato más relevante es la irrelevancia del proceso. El título original es tibio; el hecho es que el nacionalismo ha intentado comprar un terreno que los dueños ni siquiera saben que está en venta.

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